¡Bienvenidos a bordo!

Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


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miércoles, 10 de abril de 2019

Enrolarse a última hora


Se van a cumplir 107 años de la tragedia del Titanic y hoy queremos dar protagonismo a la parte más silenciada del buque, su tripulación. En este artículo vamos a conocer quince vidas que, sin en principio tener que haber sido parte de este coloso y lo que le deparaba, en el último momento se involucraron con él y, sin saberlo, se convirtieron en historia.

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Es la mañana del 10 de abril de 1.912 en Southampton. Mucha gente está reunida en el puerto, concretamente en el muelle número 44. Hoy el Titanic va a iniciar su viaje inaugural y todo está preparado para ello. Los pasajeros van llegando y embarcando poco a poco en el buque, cada clase por la zona acondicionada para ello. Desde el puerto, un gran grupo de marineros observa el ajetreo anhelando poder formar parte de él. El que tienen delante es el que, dicen, es el buque más grande y más seguro del mundo. Saben que en todo viaje hay parte de la tripulación que no se presenta y esperan su oportunidad para conseguir un puesto de trabajo de última hora. Sólo quince serían los afortunados. Era su día de suerte. O eso creían.

Fotograma de la película de 1.997 "Titanic" de James Cameron.
El buque espera impaciente su salida inminente en el puerto de Southampton, muelle 44. (Fotograma Titanic)

Harry (¿W?) Burrows llevaba un mes posponiendo su próximo viaje. Tenía 29 años y era ya un marinero experimentado, con varias rutas a sus espaldas. Cuando supo que el Titanic estaba a punto de hacer su primer viaje, decidió no coger ningún otro buque durante el resto del mes y se quedó en casa de su madre, en Southampton. No podía dejar pasar la ocasión de trabajar en él. Consiguió lo que quería, firmó el 6 de abril para hacer las veces de fogonero. La mañana del miércoles 10 de abril se despidió de su madre y partió hacia el puerto, un lugar muy conocido y familiar para él. Sin embargo, repentinamente algo le frenó. Apenas una hora después, su madre le vio aparecer por casa. Se quedó perpleja. Ella misma declaró lo siguiente.

“En el último momento cambió de opinión y se marchó. Estamos muy agradecidos por ello. No puedo explicar por qué mi hijo frenó sus planes. Dijo que le había invadido una especie de oscuro presentimiento”.

Con este acto, Burrows probablemente salvó su vida. 

Alfred John Alexandre Podesta era uno de los fogoneros del Titanic. Como Burrows, había firmado el 6 de abril para dar sus servicios en el buque y ésa mañana estaba junto a su colega William Nutbean, también fogonero. Podesta dijo al respecto.

“Me levanté la mañana del 10 de abril y me fui hasta la nave a las 8.00 en punto, como siempre cuando iba a iniciar un viaje, demorándonos más o menos una hora. El barco zarpaba a las 12.00 del mediodía y la mayoría de nosotros, fogoneros y paleros, nos vamos a tierra de nuevo hasta la hora de salir a la mar. Nos fuimos con otros que también estaban en nuestro turno, de 4.00 a 8.00 de la mañana”. (En el turno de Nutbean y Podesta, de 4.00-8.00 y de 16.00-20.00, estaban otros 50 hombres).


A la izquierda Alfred John Alexandre Podesta, a la derecha William Nutbean (Encyclopedia Titanica)

Como era habitual, habían desembarcado para pasar sus últimos ratos en tierra antes de partir. La mayoría de los tripulantes que hacían este ritual, solían ser los que trabajaban en las calderas. Las conocidas como Public House (casa pública, pubs) recibían a estos marineros constantemente. Su bebida favorita era la cerveza. La mayoría de estos pubs estaban muy cerca del puerto, a menos de un kilómetro y se ubicaban en la calle Oxford Street y sus alrededores.

La calle Oxford Street, Southampton. Era un hervidero de pubs y hoteles donde los pasajeros se quedaban antes de salir en barco a sus destinos. (Google maps)

Podesta y sus colegas tenían su turno más tarde, así que aprovecharon al máximo esos últimos minutos. Estuvieron tomando unos tragos en el Hotel Newcastle, también una Public House. Según sus propias palabras:

“Salimos a eso de las 11.15 de camino a los muelles. Viendo que teníamos tiempo suficiente, nos detuvimos en otro pub llamado (The) Grapes y allí nos encontramos con varios compañeros del barco”.

Algunos de estos compañeros eran los hermanos Slade, (Bertram, Alfred y Thomas), fogoneros, y también con Alfred Penney, palero. Muy probablemente en este grupo también se encontraría Frank Holden, fogonero.

El pub al que fueron, The Grapes Public House, era uno de esos locales donde se solían reunir los marineros antes de partir. Se encontraba a unos 800 metros del muelle 44. Ésa mañana tendría mucha clientela, la salida inminente del Titanic había congregado a numerosos curiosos que no querían perderse al imponente buque. Afortunadamente este lugar histórico sigue abierto en la actualidad. Conserva su fachada original y en sus plantas superiores hace las veces de hotel. El local conmemora al malogrado buque en su fachada, con un mural que corona su nombre. Por dentro, numerosos objetos y fotografías de la época lo convierten en uno de los lugares de parada obligatorios para todo entusiasta del Titanic que visite Southampton.

The Grapes en la actualidad. Es el único local de la Oxford Street que conserva el nombre y el uso que tenía en 1.912. (http://officialpubguide.com)

Era muy habitual que los marineros bebieran mucho durante sus estancias en tierra, así que es fácil imaginar la escena. Todos ellos tomarían cerveza y reirían a partes iguales, hablando sobre cómo sería el viaje inaugural y con un ambiente festivo, que seguro estaría cargado de cierta emoción por la inminente salida. 

Interior del pub The Grapes en la actualidad. (http://www.thegrapessouthampton.co.uk)


Al ver que, efectivamente, el tiempo se les echaba encima, los trabajadores empezaron a apresurarse.

“Nos tomamos otra copa y seis de nosotros salimos con apenas 10 minutos antes de las 12, (la hora de salida del Titanic). Corrimos hasta los muelles y hacia el barco”.


Zona de Oxford Street, donde se ubica The Grapes. Muelle 44, donde se encontraba el Titanic.
Había unos 800 metros entre ambas localizaciones. (Google maps)

Pero el jolgorio que han tenido tiene consecuencias. Llegan demasiado tarde. Un tren que venía por las vías que comunicaban el puerto con la estación de Terminus, se estaba aproximando e iba a impedirles alcanzar el buque y, por tanto, su salario. Era habitual que los trabajadores del mar como los fogoneros y paleros, vivieran al día. Lo que ganaban no era demasiado. En este caso, por trabajar como fogoneros (fireman) cobraban unas £6 (libras esterlinas) al día. Los paleros (trimmer) recibían £5 10 s. Algunos mandaban dinero a sus familias, para otros, era común ir encadenando trabajos y gastando todo en bebida y malos hábitos. Perder este empleo les suponía un mundo.

“Estábamos en la parte superior de la carretera principal y un tren de pasajeros se acercaba a nosotros desde la otra parte de los muelles. Oí cómo los hermanos Slade decían que sería mejor dejarlo pasar, pero Nutbean y yo cruzamos y conseguimos llegar. Al ser un tren largo y al esperar que terminase, ellos llegaron demasiado tarde. La pasarela ya estaba quitada dejándolos atrás. Fue como si una fuerza se lo impidiese, sencillamente no tenían que venir”.

Podesta se equivocaba en una cosa. La pasarela aún no había sido quitada. Los hermanos Slade y Alfred Penney corrían y gritaban incansables intentando en vano remediar su suerte. El Sexto Oficial James Paul Moody, estaba a cargo de la pasarela. Pudo ver y oír a los cuatro hombres desesperados. Un pasajero de segunda clase, Lawrence Beesley, fue testigo de la escena.

“Justo antes de que retirasen la última de las pasarelas, vi cómo un grupo de fogoneros corrían a lo largo del muelle, con sus bártulos colgados sobre los hombros. Se dirigieron a la pasarela con la clara intención de subir, pero un oficial pequeño que custodiaba la entrada se negó a permitirles el paso. Los hombres discutieron y gesticularon mucho, intentando explicar las razones por las que habían llegado tarde, pero él se mantuvo firme. Hizo unas señas con la mano y la pasarela fue retirada a pesar de sus protestas, poniendo fin a sus esfuerzos. Esos fogoneros deben estar agradecidos. Por alguna circunstancia, ya sea por su impuntualidad o por un imprevisto que no estaba dentro de su control, no pudieron llegar a tiempo a esa última pasarela”.

Sexto Oficial James Moody (Wikipedia)
Moody dudó unos segundos antes de tomar la decisión. Sabía que otros tripulantes habían sido contratados a última hora para suplir este tipo de contratiempos, algunos casi en el último minuto, así que era plenamente consciente de que si no les permitía subir no surgiría ninguna contrariedad en el funcionamiento del barco. El Sexto Oficial James Moody recibió la llamada de Frederick Fleet, uno de los vigías del Titanic, que anunciaba la cercanía de un icerberg por proa. Moody ayudó a cargar los botes salvavidas hasta los últimos minutos. Murió en el Titanic, fue el único oficial subalterno en hacerlo. Tenía 24 años.

Los hermanos Slade y Penney se tiraban de los pelos, ¿cómo podían haber dejado ir esta oportunidad? Casi con total seguridad, su torpeza y gusto por la cerveza les salvó la vida.

Por su parte, Nutbean y Podesta respiran aliviados. Ambos se congratulan por no haberse esperado. Menos mal, ninguno de los dos hubiera sabido qué hacer si hubieran perdido el barco. Ahora toca esperar a que comience su primer turno en el Titanic. Hasta las 16.00 de la tarde tienen tiempo para descansar de su carrera.

El Titanic comienza con mal pie su viaje inaugural. Un pequeño percance con un navío llamado New York ha hecho que la salida no haya sido perfecta. Para unos pocos esto fue un claro mal augurio, sin embargo, para la mayoría sólo fue un incidente aleatorio. Ningún presagio podía siquiera prever lo que estaba por ocurrir.

Gracias a los ocho miembros de la tripulación que fueron considerados como desertores, entre los que estaban los hermanos Slade y Alfred Penney, y aquellos que renunciaron a su empleo como Burrows, quince de esos hombres que esperaban un golpe de suerte de última hora acababan de conseguir un puesto en el buque. Ninguna contrariedad podría quitarles la euforia del momento. Habían tenido mucha suerte, ¿o no?


Henry Watson Dodds, 26 años. Cuarto asistente de ingenieros.

Henry, conocido desde pequeño como Renny, nació en Georgetown, Guyana el 5 de noviembre de 1.885. De ascendencia escocesa, era el pequeño de cinco hermanos. Durante su juventud, el chico viajó a Gran Bretaña donde estuvo en varias empresas entre las que destacan una de amalgama y otra de azúcar. En el año 1.904 se unió a la Royal Mail Steam Packet Company, donde pasó cuatro años y se inició en el mundo de la mar. En 1.908 entró a formar parte de la White Star Line, donde conseguiría el certificado que le acreditaba como ingeniero de segunda clase (second class engineer). Con él su categoría ascendía notablemente. En 1.912 se encontraba trabajando en el Oceanic, sin embargo, el 10 de abril fue transferido al Titanic como cuarto asistente ingeniero subalterno (Junior assitant 4th engineer) tras la renuncia del que había sido contratado en primer lugar, A. Haveling. Sus motivos se desconocen. Era toda una oportunidad. Renny embarcó en el Titanic cargado de sueños y con la promesa a su novia de que se casarían pronto. No pudo cumplirla. Murió en el hundimiento.

Alfred Edward Windebank, 38 años. Cocinero.
Alfred Edward Windebank
(Encyclopedia Titanica)
Alfred nació el 18 de julio de 1.873 en Southampton, Inglaterra. Era el tercero de ocho hermanos. En 1.891 fue descrito como mayordomo, trabajo que seguramente desempeñaría durante los siguientes seis años. En 1.897 ingresó en la marina mercante donde hizo carrera como cocinero. Fue reclutado para servir en la Guerra de Cuba y estuvo presente en varios ataques. Por sus servicios en la guerra, Alfred fue condecorado con dos medallas. Él continuó trabajando en las cocinas de los buques de la marina. Su última travesía había sido a bordo del Oceanic, también de la White Star Line. El 10 de abril se acercó al puerto de Southampton esperando encontrar un puesto en el Titanic. Les faltaban tres miembros de la cocina así que firmó como asistente de cocina. La noche del hundimiento, Alfred pudo acceder a cubierta y finalmente subir en el bote número 13. Al regresar a casa tras semejante vivencia traumática, Windebank no quiso esperar mucho más y regresó pronto al mar. Formó parte de la Primera Guerra Mundial y recibió otra medalla por sus servicios. En 1.919 se casó con Elizabeth Faulkner, con quien estuvo el resto de su vida. Siguió 18 años más en activo y tras la muerte de su mujer en 1.957, se trasladó a una residencia de ancianos donde moriría en 1.961 con 87 años. Elizabeth y él reposan juntos en el cementerio de Hollybrook, Southampton.

Albert George Locke, 33 años. Pinche de cocina.
Albert nació en West Wittering, Sussex, Inglaterra, el 29 de enero de 1.872. Fue el sexto de nueve hermanos. Aunque seguramente empezó a trabajar más joven, en 1.891, con 19 años, consta como trabajador de su cuñado, que tenía una pequeña tienda de alimentación en Sussex. En el año 1.904 se unió a la Royal Navy y allí se formó como cocinero. Sirvió en gran cantidad de buques, hasta que cinco años después fue expulsado de la marina. En un corto espacio de tiempo, su conducta se tornó de intachable a muy reprobable, lo que le supuso un par de estancias en la cárcel. Físicamente era un hombre de estatura media, con el cabello castaño y los ojos grises. Tras su fracaso en la Royal Navy, William se inició en las rutas comerciales. En abril había estado viviendo en Southampton y fue allí donde se enteraría de la partida del Titanic. Decidió intentar hacerse con un puesto, así que se presentó en el puerto la mañana del miércoles 10 de abril. Tuvo suerte. Firmó como pinche de cocina. No tendría ningún problema en desarrollar su empleo, teniendo en cuenta su experiencia. Albert murió en el Titanic.

D. (¿David?, ¿Daniel?) Black, 41 años. Fogonero.
D. Black había nacido en Glasgow, Escocia, probablemente en el año 1.871. Apenas se conocen datos sobre él. Black no estaba casado, desde muy joven se había dedicado al mar y seguramente fue encadenando rutas durante toda su vida. El último buque donde había servido era el Oceanic, también de la White Star Line. Como seis de sus compañeros, había firmado en el Titanic prácticamente en los últimos minutos. Estaría muy contento por ello y probablemente fuera su último momento de alegría. Black murió en el Titanic, como tantos otros. Su cuerpo no fue recuperado.


Joseph Brown, 30 años. Fogonero.

Joseph había nacido en Newcastle, Inglaterra en el año 1.882. Estaba casado con Lottie Syme y hacía dos años que habían tenido a su primer hijo, un niño llamado Joseph James, en honor a su padre y abuelo materno respectivamente. Lo más posible es que Joseph pasara poco tiempo con su familia, trabajar en el mar implicaba estar varias temporadas fuera así que Lottie y su hijo vivían con el padre de ella en Essex. Se hacían mutua compañía, ya que el hombre había enviudado recientemente. Joseph había trabajado por última vez en el Oceanic, como varios de sus compañeros. Muchos serían viejos conocidos. El Titanic sería su último viaje. Su cadáver no fue recuperado.


Alfred Emest Geer, 26 años. Fogonero.

Alfred nació en el primer trimestre del año 1.886. Era el séptimo de doce hermanos y todos ellos se criaron en Southampton, de dónde era su madre y dónde todos ellos habían nacido. Su padre era un obrero. Teniendo en cuenta que la familia tenía tantos hijos, lo normal en la época es que según fueran teniendo cierta edad (entre los 12 y los 14 años), los chicos se ponían a trabajar. No fue distinto para Alfred. Cuando tuvo alrededor de los 14 años, se inició como marinero. Apenas un año antes de enrolarse en el Titanic, el chico se había casado con su novia Edith. Se les presentaba una vida por delante llena de planes, entre los que se encontraban tener hijos. No les dio tiempo. Tras servir en el Olympic, Alfred consiguió en el último momento su puesto como fogonero en el Titanic. Sería su último trabajo. Su cuerpo no fue recuperado o identificado, por lo que su familia le honró mentándole en la lápida en la que reposaban los restos de su padre.


Richard William Hosgood, 22 años. Fogonero

Richard nació en Lambeth, Londres, el 29 de septiembre de 1.889. Era el cuarto de ocho hermanos. Todos le llamaban cariñosamente Dick. En 1.909 Dick se casaba con Edith May Stockley. Se convirtieron en padres tan solo un año después. Su hija Winifred May, nacida el 18 de febrero de 1.910, recibiría su nombre en honor a una de las hermanas de Richard, posiblemente fallecida en la infancia o juventud. En el año 1.911 se describe a Dick como desempleado, sin embargo, este estado le duraría poco. En 1.912 dio sus servicios como fogonero en el buque Saxon, tal y como dejó inmortalizado al firmar por el mismo puesto en el Titanic, tan sólo unos minutos antes de su partida. Estaría muy contento de haber conseguido el trabajo, realmente lo necesitaba. Su mujer Edith estaba a punto de dar a luz a su segundo hijo. Jamás lo conoció. Dick falleció en el Titanic. Su esposa dio a luz tan sólo cuatro días después de la tragedia. El bebé se llamó Richard William en honor a su padre. Su cuerpo, el número 242, fue recuperado por el Mackay Bennett y finalmente sepultado en el cementerio de Fairview, Halifax, Canadá. (Si quieres saber más sobre la recuperación de los cuerpo del Titanic pulsa aquí)

Tumba de Richard Hosgood en el cementerio de Fairview, Halifax. (Encyclopedia Titanica)



Louis Kinsella, 30 años. Fogonero.

Nació en Liverpool, Inglaterra, el 10 de septiembre de 1.881. Fue el primer hijo de ocho hermanos. Como su padre, trabajó en varios buques como fogonero y también como palero. No tenía muy buena fama, había sido declarado desertor en varios de los buques por los que había firmado y en otros le habían sorprendido como polizón. En 1.903 se casó con su novia, Ann Barbara Barlow, que estaba embarazada de cuatro meses. La relación resultó tumultuosa desde el minuto uno y las estadías de Louis en su hogar fueron intermitentes y efímeras. El matrimonio tuvo cuatro hijos, uno de ellos fallecido en la primera infancia. El de 1.909 seríasu peor año. Tras regresar a casa después de otro viaje, su mujer comenzó a echarle en cara su desidia como padre y esposo. En completo estado de embriaguez, Louis acabó apuñalando a Ann, lo que le valió dos meses de cárcel. A raíz de este suceso, probablemente no regresaría a casa, aunque sí aparece con ella y los niños en el censo de 1.911. Kinsella fue contratado minutos antes de que el Titanic saliera rumbo a su viaje inaugural. Nunca regresó. Su viuda intentó cobrar una pensión por su fallecimiento. No sólo no la consiguió, si no que acabó confesando que sus hijos eran de otro marinero, John Riley, con quien se casó al año siguiente. Las que legalmente eran sus dos hijas, Rose y Julia, nombraron a dos de sus vástagos Louis en honor al que, para ellas, era su padre.

William Lloyd, 29 años. Fogonero.
William nació en el verano de 1.883 en Poplar, Middlesex, Inglaterra. Fue el segundo de siete hermanos. Su madre falleció cuando él tenía 15 o 16 años. Su padre se casó al año siguiente, teniendo con su nueva esposa otros cuatro hijos. William no aparece en ninguno de los censos posteriores de la familia, por lo que probablemente ya estuviera trabajando como marinero. El chico nunca se casó y pasaría toda su vida enlazando una ruta tras otra. Firmó como fogonero para trabajar en el Titanic poco antes de que zarpase rumbo a su viaje inaugural. Dio su dirección en el 18 de Orchard Place, un albergue para marineros. Probablemente tras su última ruta en el RMS Dunottar Castle, se había quedado en Southampton a la espera de otro trabajo. Sería su última ruta. Su cuerpo jamás fue recuperado o identificado. 

Henry Dennis Witt, 38 años. Fogonero.
Había nacido el 14 de diciembre de 1.874 en Southampton, Inglaterra. Eran seis hermanos y él era el cuarto, todos le llamaban Harry. En algún momento los padres de Harry se separaron y esto causó una desestructuración total en la familia. Algunos de sus hermanos comenzaron a trabajar, otros se mudaron con su padre y él concretamente lo hizo con su madre. Con 17 años consta que trabajaba como remachador. No se conoce con certeza en qué momento Henry comenzó a trabajar en el mar, pero ya en el año 1.901 no aparece en el censo con su madre y su nueva pareja, por lo que se presupone que se inició antes. el resto, en un principio no había firmado para trabajar en el Titanic. Su primo carnal James Norris, había firmado como fogonero y probablemente le animó a intentarlo. Lo consiguió y dio como su última dirección la casa de su hermana Nelly, con la que probablemente pasaba sus estancias en tierra desde el fallecimiento de su madre. Tanto su primo como él, murieron en el Titanic. Sus cuerpos no fueron hallados.

Alfred Cotton, 35 años. Palero.
Alfred nació el 15 de junio de 1.876 en Fawley, Hampshire. Comenzó a trabajar como albañil con tan sólo 14 años. Tenía 23 años cuando conoció a Alice Andrews, con quien se casó en el año 1.900. La pareja tuvo dos hijos, William y Charles, que tenían 9 y 6 años cuando su padre se enroló en el Titanic. Alfred había hecho del mar su vida y de esta manera mantenía a sus hijos. Su mujer por su parte, trabajaba en una lavandería. La mañana del 10 de abril fue al puerto con la esperanza de poder trabajar en el Titanic y lo consiguió, prácticamente en el último momento. Todo resultó tan apresurado que ni siquiera se registró su dirección ni el último buque para el que había servido. Como casi todos, Alfred perdió la vida en el desastre. Tras su muerte, su mujer Alice no pudo mantener a sus dos hijos y tuvo que enviar a su hijo mayor, William, con otros familiares. Estuvieron alejados el resto de su vida. William nunca mencionó a su padre en el futuro, ni a sus hijos ni a sus nietos. Hay heridas que no cierran jamás.


William Dickson, 37 años. Palero.

William nació en Southampton en 1.875. A los 16 años estaba ya trabajando como albañil, pero pronto siguió los pasos de su padre y comenzó a trabajar en el mar. En 1.894 se enamoró de Martha, una chica que también era de Southampton y con la que presumiblemente se casó. Sin embargo, no existen registros de que este matrimonio se formalizase, por lo que quizás nunca pasaron por la vicaría y sencillamente vivían como tal. La pareja tuvo tres hijos, de los cuáles tan sólo el pequeño William sobrevivió. En el censo de 1.911, se describe al pequeño como persona con discapacidad, sin embargo, no se sabe qué tipo de discapacidad acusaba. Como el resto de sus compañeros, Dickson firmó para trabajar como palero en el Titanic la misma mañana de su partida. Nunca regresó. Lo que sucedió después con su mujer e hijo es incierto.


J. (¿John Dowie?) Gordon, 29 años. Palero.

Gordon nació alrededor del año 1.883. No hay apenas datos sobre su vida o siquiera sobre su nombre. En el libro Guide to de Crew of Titanic, de Günter Bäbler, se le menciona como John Dowie Gordon, pero no he podido confirmar que ésa fuera su identidad. Si en algún momento consigo más información al respecto, actualizaré el artículo. Se sabe que estaba casado, pero también es desconocido el nombre de su esposa o si tenían hijos. Dio como su dirección la Sailor’s Home (casa de marineros) de Southampton, que en 1.912 era un edificio que albergaba marineros, a algunos incluso desde la niñez. J. Gordon murió en el Titanic. Fue uno de los 26 miembros de la tripulación que mencionó este edificio como su dirección.

John O’Connor, 29 años. Palero.
John nació el 22 de diciembre de 1.882 en Southampton, Inglaterra. Era uno de los siete hijos de un matrimonio humilde. John se unió temprano a la Royal Navy, donde trabajó varios años. Posteriormente se unió al servicio mercantil. Tras el fallecimiento de su madre, el chico regresaba a casa con su padre y su hermana menor, Ellen. Su padre no volvió a casarse. En el año 1.911 la familia estaba viviendo en el número 9 de Tower Place, en Southampton, donde John se despediría de su hermana y su padre para dirigirse al puerto, donde esperaba encontrar un puesto en el hermano gemelo de su último barco, el Olympic. Gracias a esto, el chico fue contratado ése mismo día para realizar el trabajo de palero. La noche del hundimiento, John consiguió llegar a la cubierta de botes. Probablemente el Titanic estaba ya en sus últimos minutos a flote. Varios hombres intentaban sin éxito lanzar los dos últimos plegables al agua, el A y el B, seguramente él mismo también formó parte de ellos. Consiguieron soltarlos, pero el A quedó flotando a duras penas y semi inundado, mientras que el B se había quedado boca abajo. John O’Connor consiguió aferrarse a este último, salvando así su vida. Regresó pronto a Southampton y allí continuó trabajando en el mar. Nunca se casó y murió a la edad de 50 años. Está enterrado en Southampton.

Robert Edward Steel, 30 años. Palero.
Robert nació en la isla de Guernsey, en el canal de la mancha, probablemente en el año 1.883. Tenía dos hermanos. Siendo Robert muy pequeño, la familia se trasladó a Southampton, donde su padre estuvo trabajando como aparejador de barcos y marinero el resto de su vida. Los tres hermanos pasarían allí toda su infancia. Probablemente su hermano varón falleció de niño y tanto él como su hermana Mary se pusieron a trabajar a muy temprana edad. Ella como sirvienta y Robert como marinero. Estuvo siempre en el mar y nunca se casó. El 10 de abril se despediría de sus padres antes de salir hacia el puerto. Allí, muy apresuradamente, consiguió un puesto como palero en el Titanic. Falleció en la tragedia. En el periódico local The Hampsire apareció un aviso con su fallecimiento. Sus padres quedaron destrozados.

De los quince hombres que consiguieron su puesto en los últimos momentos antes de partir, sólo dos sobrevivieron. Es inevitable echar la vista atrás y pensar en Thomas, Bertram y Alfred Slade, en Alfred (¿V?) Penney o Frank Holden, y en todos aquellos que por una circunstancia u otra perdieron el barco. 
Lawrence Beesley
(Encyclopedia Titanica
)
Seguramente y como bien dijo Lawrence Beesley,
“Sin lugar a dudas, esos hombres que perdieron el buque, habrán contado y contarán durante años, la historia de cómo salvaron sus vidas al llegar demasiado tarde al Titanic”.




Podesta y Nutbean, quiénes sí habían conseguido alcanzar el buque, tuvieron la fortuna de sobrevivir.
La cifra de fallecidos miembros de la tripulación es escalofriante y refleja perfectamente la realidad de la sociedad de la época, donde eran relegados al último plano. En el Titanic había 908 personas trabajando (contamos entre ellos al grupo de garantía, la banda de música y los dos telegrafistas, que en muchos listados aparecen como parte del pasaje y no de la tripulación). El 77% de ellos falleció en la tragedia. Es el porcentaje más alto de todos los grupos. A día de hoy siguen siendo los menos conocidos, siendo siempre más protagonistas los pasajeros más ilustres, como John Jacob Astor. En este artículo hemos querido otorgar voz a quince de ellos, quiénes también fueron parte indispensable en la historia del Titanic, como cada una de las 2.208 personas que vieron tierras irlandesas por última vez desde aquel buque que muchos creían insumergible. La mayoría nunca regresó y los pocos que sí lo hicieron, jamás volvieron a ser los mismos. 
Monumento dedicado a la tripulación del Titanic. Su localización actual son las ruinas de la Iglesia de Holyrood, Southampton. (http://seesouthampton.co.uk)

[Irene Hernández Rodríguez]

miércoles, 14 de marzo de 2018

Los cuerpos del Titanic


Solemos visionar el Titanic como a un ente magnífico, de gran lujo y esplendor, imponente e inmortal. Sin embargo, no debemos olvidar que su historia está ligada a la de 2.208 personas, de las cuáles 1.496 perdieron la vida. El buque es innegablemente sinónimo de tragedia y el tema a tratar en esta ocasión lo refleja a la perfección.

Son muchos los nombres, las cifras que componen la parte más triste de la historia de nuestro barco. Personas que como yo que escribo y como tú que lees, tenían inquietudes, esperanzas, sueños, preocupaciones, intereses, emociones. Muchas veces me pregunto cómo habría reaccionado yo, qué habría pensado, qué habría sentido. Sales de tu cama, posiblemente sobresaltado y te encuentras en apenas unos minutos en una situación de vida o muerte. Para la gran mayoría lo segundo. Muchas veces con hijos a tu cargo, amigos, familia. Como todos sabemos, no había tiempo, no había sitio y gran parte de estas personas se quedaron para siempre en el Titanic, pasando de algún modo a ser inmortales como él.

En esta entrada vamos a hablar de qué pasó con los cuerpos resultantes del naufragio, del porqué se recuperaron tan pocos, de porqué algunos regresaron a casa y otros nunca lo hicieron, de cómo se hicieron las identificaciones y quién las dirigió, y de los barcos implicados en esta tarea nada agradable en la que sus participantes se involucraron mucho más de lo que podrían haber llegado a imaginar, pues esos individuos inertes tenían aún algo que contar.

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Halifax resultó ser la ciudad con el puerto más grande y cercano a la tragedia del Titanic. Es por ello que la White Star Line elegió este punto como el central para que de allí saliesen los barcos que se encargarían de recuperar los cuerpos. Fueron varios los buques que participaron en la tarea. Cuatro de ellos fueron fletados por la propia compañía. El C.S. Mackay-Bennett, el C.S. Minia, el C.G.S. Montmagny y el S.S. Algerine. Sin embargo, otros cuatro barcos recogieron también a algunas víctimas del Titanic. El propio salvador, el R.M.S. Carpathia, el R.M.S. Oceanic, el S.S. Ottawa y el S.S. Ilford. Estos tres últimos fueron testigos casuales de los últimos gritos del Titanic.


R.M.S. CARPATHIA



Son alrededor de las 4.00 de la mañana del lunes 15 de abril de 1.912. Arthur Rostron, el Capitán del R.M.S. Carpathia cambia su rumbo. Ha puesto en marcha los motores de su nave para que vayan a la máxima velocidad posible. Hace unas horas su telegrafista, Harold Cottam, ha recibido la llamada de auxilio de un ya moribundo Titanic y en ningún momento duda de lo que debe hacer. Decide prescindir incluso de la calefacción del barco para poder acudir más rápido. Lo que se encontraron fue un panorama absolutamente desolador. El Titanic había desaparecido, hacía ya un par de horas. El Cuarto Oficial del Titanic, Joseph Boxhall así lo confirmó. El barco más grande, lujoso y seguro del mundo yacía bajo las aguas del Océano Atlántico. Sólo unos pequeños botes salvavidas, cargados con cientos de personas que aún no podían asimilar lo ocurrido, era todo cuanto quedaba de él.

Los tripulantes del Carpathia se apresuraron para poder subir a los indefensos supervivientes. Muchos de ellos se encontraban en estado de shock, otros apenas podían intentar acceder al buque por sus propios medios, las fuerzas ya empezaban a flaquear y el frío hacía mella en ellos. En total, 712 personas fueron transferidas al barco de rescate. Pero también 4 cuerpos. Ellos no habían logrado conseguirlo.


William Fisher Hoyt, 43 años, primera clase

Había estado en el Titanic hasta casi los últimos momentos. No había tenido la oportunidad de acceder a un bote salvavidas, así que se lanzó al mar cuando ya no había otra opción. El Quinto Oficial del Titanic Harold Lowe, capitaneaba el bote 14, uno de los 20 que llevaba el Titanic consigo. Decidió durante la noche regresar al lugar donde hacía apenas unos minutos, unos gritos desgarradores cortaban la noche. El silencio los había sustituido. Mientras buscaban alguna señal de vida entre el campo de cuerpos, un gemido les detuvo. Era un hombre de aspecto fornido que tenía hemorragia nasal y bucal. Fue difícil subirlo al bote, pesaba demasiado y sus ropas mojadas dificultaban aún más la tarea. El propio Harold Lowe describiría así la escena,
“Después de meterlo en el barco le quitamos el chaleco salvavidas con la intención de que pudiese respirar mejor. Por desgracia, murió. Estaba demasiado débil cuando lo avistamos.”





Sidney Conrad Siebert, 29 años, mayordomo de dormitorios



Andrew Orr Cunningham, colega de Siebert,
“Mi compañero Sidney estaba conmigo cuando nos tiramos al agua.”

El Titanic estaba condenado y uno de los últimos botes salvavidas, el número 4, había sido lanzado. Tenían que intentar llegar hasta él. Ambos nadaron con ganas de vivir, pero Sidney estaba agotado. Llegó más tarde y aunque fue subido, no lo consiguió. Murió durante la noche.






David Livshin (Abraham Harmer), 25 años, tercera clase

No se sabe con certeza quién rescató a David Livshin. Hay controversia respecto al asunto y existen dos posibilidades. Puede ser que fuera subido al bote 14. Varios de los tripulantes del salvavidas aseguran que fueron tres las personas que sacaron del mar, pero existe también el testimonio de que fueron cuatro y dos de ellos fallecieron durante la noche. Este cuarto podría pertenecer a David.

Sin embargo, también es probable y personalmente me decanto por esta opción, que David Livshin fuera uno de los ocupantes del plegable B, que quedó boca abajo a la deriva cuando el Titanic finalmente se hundió. Así lo aseguraron dos de las personas que salvaron la vida gracias a él. El Segundo Oficial Charles Lightoller y Algernon Barkworth. Ambos declararon que un cadáver fue transferido al bote 12 y éste era posiblemente el de David Livshin.





William Henry Lyons, 26 años, marinero de alto rango


Al igual que Sidney Siebert y su compañero Andrew Cunningham, William Lyons tuvo la misma idea. Cuando el bote 4 estaba ya en el agua, Lyons se lanzó al mar con la intención de alcanzarlo. Lo consiguió. Su experiencia como marinero hizo que sus fuerzas llegaran al objetivo sin embargo, no le quedaban más. Tras ser rescatado por los ocupantes del salvavidas, William entró en un estado de letargo que finalmente le llevó a la inconsciencia. Fue el único de los cuatro que llegó al Carpathia aún con vida, pero falleció a las pocas horas.








Arthur Rostron aseguró haber tenido a bordo cuatro cuerpos. Como buen católico, tras una pequeña ceremonia cargada de respeto y silencio, las cuatro personas fueron lanzadas al mar el martes 16 de abril de 1.912. Ninguno de ellos fue numerado ni tuvo ficha de identificación, por lo que no se los suele contar entre los cuerpos recuperados del Titanic.

Cuando tiempo después fue preguntado sobre cómo consiguieron llegar a la zona de la catástrofe sorteando un campo de hielo en mitad de la noche, Rostron contestó “No era mi mano quien llevaba el timón esa noche”.



SISTEMA DE IDENTIFICACIÓN


Antes de que el Mackay-Bennett saliese rumbo a su triste cometido, la tripulación debía saber cómo proceder. No querían que ocurriese lo mismo que hacía 40 años, cuando otro trágico naufragio había tenido también como protagonista a la ciudad, el del R.M.S. Atlantic, que se hundió en las costas de Nueva Escocia. Murieron 545 personas. El fracaso a la hora de recuperar e identificar estos cuerpos hizo que la ciudad sufriera un duro bochorno. Habían incluso llegado a robar varias de las pertenencias de los muertos. Para evitar esta situación, John Henry Barnstead, el encargado de los registros de nacimiento, matrimonio y defunción de Halifax, Canadá, comenzó a trabajar en un sistema forense que ha llegado hasta nuestros días. Su objetivo principal era que absolutamente cada detalle fuese registrado sin posibilidad de error y que así fuesen más sencillas las identificaciones. Las familias tenían derecho a saber qué había ocurrido con sus seres queridos.

Su sistema estaba basado en tres principios. Enumeración, identificación y pertenencias. Es por ello que entregó un cuaderno donde se escribiría la descripción de los cadáveres, hasta el último de sus objetos por mínimo que fuera, peso, altura, edad, sexo y el número que se le había asignado. Varias bolsas de lona numeradas fueron cosidas apresuradamente para contener en ellas las pertenencias de las víctimas recuperadas. Estos sencillos contenedores incluirían también el registro de lo que llevaban dentro, evitando así posibles robos. Fue obligatorio que dos miembros de la tripulación estuvieran presentes a la hora de guardar los objetos.

Con estas instrucciones claras, el Mackay-Bennett partió raudo a su encuentro con el Titanic.


C.S. MACKAY-BENNETT



El mismo domingo 15 de abril la White Star Line contrató al buque cablero Mackay-Bennett. Iba capitaneado por Frederick Harold Larnder. La tripulación estaba formada por varios hombres que se habían enrolado con la promesa de cobrar el doble de lo habitual debido a lo crudo del trabajo. Llevaban consigo 103 ataúdes, 12 toneladas de hierro, grandes cantidades de hielo y todo el líquido de embalsamamiento que pudieron obtener.


El 17 de abril zarparon desde Halifax, Canadá con destino al desastre. Sus esperanzas de encontrar muchas víctimas no eran muy halagüeñas. Los productos destinados para embalsamar eran suficientes para 70 personas. Tardaron 4 días en llegar, varias tormentas y un mar turbulento que parecía no querer dejarles paso dificultó la llegada. El panorama que allí se encontraron era completamente desolador. Gracias al diario que el maquinista del Mackay-Bennett Frederick Hamilton, escribió a bordo, podemos describir la escena.

“El océano está salpicado de una pila de trozos de madera, sillas y cuerpos”.

La tripulación pudo contemplar con horror cientos de cuerpos en el agua. Sus previsiones habían sido completamente erróneas. Algunos de ellos estaban muy juntos y parecían una bandada de gaviotas en la niebla, vestidos con sus chalecos salvavidas. Algunos se habían alejado hasta 60 km del punto del naufragio.

El S.S. Bremen, un buque de pasajeros alemán, se topó con el improvisado cementerio mientras hacía su travesía. Su Capitán declaró al respecto.

“Estaban por todas partes. Había hombres, mujeres y niños. Todos ellos tenían su correspondiente salvavidas. Conté 125 cadáveres y luego me cansé de hacerlo. Debía haber unos 150 o 200 cuerpos. No recuperamos ninguno, era absolutamente inútil por la sencilla razón de que no teníamos cómo mantenerlos.” 


Varios pasajeros del Bremen tampoco podían quitar la vista. Algunos describieron haber visto a una mujer abrazada a un perro (para saber más echa un vistazo a esta entrada), a varios hombres aferrados a una tumbona de madera e incluso a una mujer abrazando a su bebé.

Como sabían que el Mackay-Bennett se dirigía a las labores de rescate, contactaron con ellos para dar las coordenadas y siguieron su camino, dejando atrás el silencio más absoluto sólo roto por el sonido del mar chocando contra los cientos de víctimas del Titanic.

Al día siguiente, el cablero encargado por la White Star Line llegó al escenario y comenzó a recuperar los cadáveres. No tenían suficientes medios como para rescatar a todas aquellas personas en buenas condiciones. El aire acelera la descomposición en cuerpos mojados y tenían que trabajar deprisa. Informaron de que necesitarían más material, por lo que la naviera contrató los servicios de un segundo barco, el C.S. Minia.

Durante 7 días, desde su llegada a la zona cero, el Mackay-Bennett estuvo ejerciendo su cometido. Recuperaron 306 cuerpos. Las tareas de rescate eran arduas y difíciles. De nuevo en su diario, Frederick Hamilton nos describe así algunas de las dificultades que tuvieron.

“Dos icebergs están ahora a nuestra vista. El más cercano debe medir más de treinta metros en su pico más alto. La vista es impresionante, una masa sólida de hielo contra la cual el mar se choca furiosamente, levantando columnas de espuma. El trabajo comenzó y se mantuvo continuo durante todo el día, recogiendo uno a uno varios cuerpos. Transportar los restos empapados en ropa y meterlos por el costado al bote, no es tarea fácil. Hoy hemos subido cincuenta y uno. Dos niños, tres mujeres y cuarenta y seis hombres. Aún el mar parece lleno de ellos. A excepción de nosotros mismos y los pájaros que nos sobrevuelan, somos las únicas criaturas con vida…

Un bote salvavidas del Mackay-Bennett rescata un cuerpo

El tiempo era terriblemente frío y los cuerpos pesaban mucho. Llenos de agua y con los chalecos salvavidas, subirlos a los pequeños botes no era en absoluto sencillo. Las jornadas se hacían largas y todos acababan agotados. Según Frederick,

“El embalsamador es el único a quien parece que le es agradable su trabajo. Digo agradable, porque para él es un trabajo de amor y orgullo.”

Un cadáver es embalsamado en la cubierta del Mackay-Bennett

Los cadáveres recibieron distinto trato dependiendo de la clase a la que pertenecían. Los miembros de la tripulación eran almacenados con hielo, los pasajeros de tercera y segunda clase eran envueltos en bolsas de lona y los de primera clase eran colocados en ataúdes.
El doctor Thomas Amstrong, cirujano del Mackay-Bennett declaró lo siguiente respecto al estado general de los cuerpos.

“Con la excepción de unos 10 cadáveres que tenían lesiones graves, su aspecto general era tranquilo y sereno.”

De los 306 cuerpos recuperados por el Mackay-Bennett, 116 fueron enterrados en el mar. Al terminar la dura jornada, se realizaban las ceremonias. Los cuerpos eran envueltos en bolsas y se les introducía una barra de hierro para que se hundieran con facilidad. Una campana sonaba con cada cuerpo que iba cayendo al mar. Frederick Hamilton describió así algunos de estos momentos.

“El tañido de la campana nos reunió a todos en el castillo de proa, donde varios cuerpos están ya listos para ser enviados a las profundidades del mar. Están cuidadosamente cosidos en lona y llevan el peso correspondiente. Es una escena extraña. La luna creciente arroja una tenue luz sobre nosotros. El servicio fúnebre es conducido por el Reverendo Canon Hind y dura casi una hora. Una vez terminado, comenzamos a lanzar los cuerpos. El momento se va repitiendo con cada uno. Salpica cada vez que llegan al agua y se hunden a una profundidad de cerca de dos millas. Splash. Splash. Splash”

Ceremonia a bordo del Mackay-Bennett del 24 de abril de 1.912. Esta instantánea fue subastada en el año 2.013 por la casa Henry Aldridge & Son 

Las ceremonias se llevaban a cabo con el mayor de los respetos. Como se puede observar en la fotografía, los miembros de la tripulación se han quitado sus gorras en señal de respeto mientras observan cómo los cuerpos son enterrados en el mar.

El 30 de abril de 1.912, el C.S. Mackay-Bennett regresaba a Halifax con 190 cuerpos. Casi el doble de los ataúdes que en un principio llevaban. Habían rescatado e identificado varios cadáveres.

Su capitán Frederick Harold Larnder aseguró que “la misión del Titanic fue el trabajo más difícil de toda mi vida.”

Walter John Van Billiard, 9 años, tercera clase, cadáver número 1

El pequeño Walter sólo tenía 9 años cuando falleció en el Titanic. Viajaba con su padre y su hermano James, de tan sólo 10 años. Ninguno de los tres sobrevivió.
Walter fue el primer cadáver que el Mackay-Bennett recuperó del mar. Curiosamente también hallaron a su padre Austin Van Billiard, de 35 años que fue marcado con el número 255. Son los dos únicos cuerpos pertenecientes a una misma familia identificados y rescatados del naufragio.
Ambos fueron llevados a tierra y enterrados en el Union Cemetery, Zion Lutheran Church, de Flourtown, Pensilvania, EE.UU.







Sidney Leslie Goodwin, 1 año, tercera clase, cadáver número 4

Sin lugar a dudas, el hallazgo más duro para la tripulación del Mackay-Bennett fue el del bebé. El pequeño fue tratado con absoluto mimo por todos y cada uno de los miembros del buque y su cuerpo se llevó a tierra, donde recibió sepultura el 4 de mayo de 1.912 en el cementerio de Fairview en Halifax, Canadá. Al ser su identidad desconocida, fueron los propios miembros de la tripulación del Mackay-Bennett los que se hicieron cargo del funeral y sus gastos. La Iglesia anglicana de San Jorge, donde se celebró la misa, estaba llena de personas que querían homenajear al pequeño. Tampoco sobraban las flores, que muchos de ellos habían traído. Seis de los tripulantes que lo habían encontrado llevaron a hombros su pequeño ataúd blanco.
En 2.002 se creyó haber encontrado por fin la identidad del bebé y le adjudicaron el nombre de Eino Viljam Panula, un pequeño de tercera clase que viajaba con su madre y sus hermanos. Hasta el año 2.008 no fue posible su identificación real gracias al ADN. Se trataba de Sidney Leslie Goodwin, que iba con sus padres y sus 5 hermanos. Hasta entonces, había sido conocido como “el niño desconocido del Titanic”.  Sus familiares decidieron dejar su pequeña lápida con este sobrenombre, en honor a todos los niños perdidos en el naufragio.

Arthur Webster Newell, 58 años, primera clase, cadaver número 122
Arthur viajaba en el Titanic junto a sus hijas Marjorie (31 años) y Madeleine (23 años). Tras asegurarse de que estaban a salvo en el bote 6, Arthur se quedó atrás. Nunca volverían a verle. Su cuerpo fue recuperado por el Mackay-Bennett y llevado a tierra. Un empresario de pompas fúnebres, Frank Newell, se encontraba haciendo su trabajo En Halifax, Canadá, donde habían sido llevadas la mayor parte de las víctimas rescatadas del Titanic. De repente, se encontró con los restos de su tío Arthur. El hombre tuvo un desvanecimiento y tuvo que ser atendido por el shock. Fue la enfermera Nellie Remby quien le proporcionaría consuelo y los primeros auxilios. 
Arthur Newell fue enterrado en el cementerio Mount Auburn de Cambridge, Massachussetts. En su cadáver se halló un reloj de oro con el que su esposa durmió cada noche hasta su muerte.



John Jacob Astor, 47 años, primera clase, cadáver número 124



Uno de los pasajeros más famosos del Titanic. La familia del multimillonario estadounidense había ofrecido una recompensa de 10.000 dólares a la tripulación del buque que encontrara sus restos. Sin embargo, identificarlo no fue fácil. Su cadáver estaba bastante deteriorado. Se cree que falleció víctima de una de las chimeneas que se separó del barco antes de hundirse, ya que sus lesiones eran bastante considerables. Gracias al contenido de sus pertenencias y su inseparable bigote, pudo ser finalmente identificado. Los miembros de la tripulación del Mackay-Bennett compartieron la recompensa, que fue utilizada para las exequias del pequeño niño desconocido.

John Jacob Astor regresó a casa y el 1 de mayo de 1.912 fue enterrado en el cementerio Trinity
de Nueva york.


Alma viajaba junto con sus cuatro hijos, Torborg (8 años), Paul (6 años), Stina (3 años) y Gösta (2 años). La mujer tardó mucho en preparar a los niños para subir a la cubierta de botes y cuando lo hicieron, ya era demasiado tarde. Se lanzaron al mar y allí todos perecieron. El cadáver de Alma fue encontrado por el Mackay-Bennett. Llevaba consigo una carta de su marido Nils, quién la esperaba en Chicago. Los tripulantes del cablero describieron así el momento de su hallazgo.
“El chaleco salvavidas mantenía sus hombros fuera del agua. A veces, una ola un poco más grande hacía que su cuerpo entero desapareciese. Tenía la cabeza echada hacia atrás y ella parecía mirar hacia arriba, como una estatuilla rota en la proa de un viejo barco. Su pelo y sus brazos se balanceaban en el mar, ofreciéndonos una visión casi angelical.”
Su cuerpo fue llevado a tierra y enterrado en el cementerio de Fairview en Halifax, Canadá. Nunca se halló ningún rastro de los cuatro pequeños.

C.S. MINIA


El Minia fue el segundo cablero contratado por la White Star Line para el rescate de los cuerpos de la tragedia del Titanic. El barco salió de Halifax, Canadá el 22 de abril de 1.912. Iba cargado con 150 ataúdes de madera que nunca llegaron a usarse. A pesar de que su predecesor se había encontrado con un gran campo de restos humanos, ya habían hecho prácticamente toda la tarea.
Llegaron a la zona del hundimiento el 26 de abril de 1.912 y allí estuvieron durante una semana, intentando recuperar más cuerpos pertenecientes al naufragio. Tan sólo hallaron 17 cadáveres, de los cuales dos de ellos fueron enterrados en el mar. Su identificación debido a su estado era prácticamente imposible, aunque sí pudieron determinar que probablemente eran dos varones miembros de la tripulación, posiblemente bomberos. Tras una pequeña ceremonia ambos cuerpos fueron enterrados en el mar.
El 6 de mayo de 1.912 el C.S. Minia regresaba a Halifax con 15 cadáveres, todos ellos varones y en su mayoría identificados, a excepción de uno de ellos.
Allí se relevó con el tercero de los barcos fletados por la naviera para seguir recuperando cuerpos, el C.G.S. Montmagny. Traspasaron todo el material sobrante de un barco a otro y el último zarpó de nuevo hacia la zona.
Charles Melville Hays, 55 años, primera clase, cadáver número 307

El del Presidente de la Grand Trunk Railway, una importante línea ferroviaria que unía Canadá y EE.UU., fue el primer cadáver que recuperó el Minia. Francis Dyke, tripulante del Minia aseguró en una carta a su madre, 
“no hubo impedimento alguno para su identificación, ya que llevaba consigo varios papeles y un reloj con su nombre.”
Su ataúd fue trasladado a Montreal desde uno de sus trenes a bordo de un vagón privado. Éste, aún se conserva en el Museo Canadian Railway de Delson, Quebec Canadá. Fue enterrado en el cementerio Mount Royal de Montreal. Junto con él, habían perdido la vida su yerno Thornton Davidson y su protegido Vivian Payne. Sus cuerpos nunca fueron identificados.


Gaspare Antonio Pietro “Luigi” Gatti, 37 años, gerente del restaurante A la Cartè, cadáver 313
Había sido contratado por la White Star Line para dirigir los restaurantes de su nueva flota de lujosos barcos. Había trabajado ya en el Olympic y durante la travesía inaugural del Titanic hizo lo propio. Luigi Gatti tenía fama de ser muy concienzudo y perfeccionista con respecto a su trabajo. Contrató personalmente a todos y cada uno de los miembros que trabajarían con él en el lujoso restaurante A la Cartè y también sus salarios corrían de su cuenta. Luigi Gatti falleció en el hundimiento del Titanic y su cuerpo fue llevado a tierra, donde recibiría sepultura en el cementerio de Fairview, Halifax, Canadá.





Thomas Mullin, 20 años, mayordomo de tercera clase, cadáver 323


El joven Thomas había trabajado desde muy pequeño en la industria textil al igual que su padre, sin embargo, un problema en la vista le alejó de la profesión. Comenzó a trabajar como mayordomo para buques y así llegó al Titanic. Tenía sólo 20 años cuando perdió la vida. El Minia recuperó su cuerpo y lo llevó a tierra, donde fue enterrado en el cementerio de Fairview en Halifax, Canadá.





C.G.S MONTMAGNY


El Montmagny ya estaba cargado para continuar con las labores de rescate. Venían de Sorel, Quebec, Canadá y desde allí, el 6 de mayo de 1.912 llegaron a Halifax de dónde finalmente zarparon rumbo a la zona de la tragedia.
Había pasado casi un mes desde el hundimiento y el clima tampoco ayudaba. No quedaba mucho por hacer. El campo de escombros y cuerpos era ya casi inexistente. Estuvieron recorriendo la zona hasta el 13 de mayo de 1.912. Hasta la fecha, habían recuperado cuatro cadáveres. El Minia había terminado su trabajo en el número 323, pero curiosamente el Montmagny no siguió enumerando con el 324 y 325, si no que empezó a marcar los cuerpos con el número 326. La razón es desconocida. Es posible que en el traspaso se perdieran estos números.
De las cuatro víctimas rescatadas, sólo una de ellas fue enterrada en el mar, el número 326. Su identificación se hacía imposible debido a su estado. Su ficha lo describe como un varón perteneciente posiblemente al cuerpo de mayordomos y camareros del Titanic. Los otros tres cuerpos, fueron llevados a tierra tras ser entregados en Louisbourg, Nueva Escocia y allí transferidos a Halifax por ferrocarril, donde serían finalmente enterrados.
El 19 de mayo el Montmagny volvió para seguir intentando recuperar fallecidos pero la búsqueda resultó infructuosa y el 23 de mayo regresaron a puerto para seguir con sus actividades habituales.
Harold Reynolds, 21 años, tercera clase, cadáver número 327
El Montmagny recuperó su cadáver el 10 de mayo de 1.912. El joven Harold era el séptimo de 9 hermanos. Se había alistado en el ejército con tan sólo 17 años y allí había ejercido como ayudante de camarero. Era castaño, con ojos azules y una cicatriz en la mejilla derecha. Tras varios años como soldado, Harold estaba cansado. Finalmente desertó y antes de viajar en el Titanic fue a visitar a su madre, sin embargo, nunca le explicó sus planes de emigrar al nuevo mundo. Fue enterrado en el cementerio de Fairview, Halifax, Canadá.
 Hileni Jabbur (Zabour), 16 años, tercera clase, cadáver número 328
Apenas hay datos sobre Hileni. Sabemos que viajaba con su hermana Thamine y que ambas ejercían de sirvientas. Procedentes de Siria, probablemente iban destinadas a trabajar para alguna familia en EE.UU. Nunca llegarían a su destino. La ficha de su cádaver indica que su pelo era castaño claro y que su tez era oscura, con características refinadas. La joven fue enterrada en el cementerio de Fairview, Halifax, Canadá.
 Charles Edwin Smith, 40 años, mayordomo de segunda clase, cadáver número 329
Muchos de los miembros de la tripulación habían comenzado primero en su hermano gemelo y este fue el caso de Charles. Había trabajado en el Olympic y fue transferido al Titanic para servir en su viaje inaugural. Se había casado con Martha Gibbens hacía ya 16 años y el matrimonio tenía cinco hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro. Vivían en Southampton, desde donde despidieron a su esposo y padre por última vez. Su cadáver es uno de los pocos de los que aún se conserva la fotografía. Fue enterrado en el cementerio de Fairview, Halifax, Canadá.

S.S. ALGERINE


El Algerine partió el 16 de mayo de 1.912 desde San Juan de Terranova, Canadá. Fue el último de los cuatro barcos encargados de la búsqueda de víctimas contratados por la White Star Line. Tres días después se cruzó con el Montmagny, que ya había terminado su labor. No quedaba mucho por hacer. A pesar de pasarse tres semanas por la zona, el Algerine sólo consiguió recuperar un cadáver. Éste fue marcado con el número 330 y fue identificado como James McGrady. El 6 de junio regresaron a puerto y allí el cuerpo fue transportado por el Florizel hasta Halifax, Canadá, donde finalmente recibió sepultura.
James McGrady, 27 años, mayordomo de salón, cadáver número 330

El cuerpo de James fue el único encontrado por el Algerine el 25 de mayo de 1.912. Había vivido prácticamente toda su vida al cuidado de su abuela materna. Con 16 años ya figuraba como trabajador argícola, edad a la que probablemente empezó a trabajar en el mar. Su último barco antes del Titanic había sido el Oceanic, también protagonista de esta entrada.
El cuerpo del chico fue trasladado a Halifax donde fue enterrado en su cementerio de Fairview el 12 de junio de 1.912, casi dos meses después de la tragedia.



Otros tres barcos tuvieron también su parte protagonista en la recuperación de cuerpos. Durante sus travesías, tuvieron que encontrarse de frente con algunas de las víctimas del Titanic. Estos barcos son el R.M.S. Oceanic, el S.S. Ottawa y el S.S. Ilford.

R.M.S. OCEANIC


El Oceanic era un buque también perteneciente a la White Star Line, que se encontraba realizando la misma ruta que el Titanic, Southampton-Nueva York, cuando se cruzó con la tragedia el 13 de mayo de 1.912, casi un mes después del desastre. Uno de sus pasajeros, Sir Shane Leslie, un importante diplomático irlandés, escribió lo siguiente acerca del momento.

“El mar estaba en completa calma al mediodía. De repente el vigía gritó que había visto algo flotando delante de nosotros. El buque redujo la marcha cuando comprendieron que el objeto era un bote salvavidas flotando en medio del Atlántico. Lo que contenía era horrible. Tres figuras humanas. Desde el puente dieron orden de descender uno de nuestros botes salvavidas con un oficial a bordo y un médico. Lo que ocurrió fue espeluznante. Había dos marineros vestidos de noche (en pijama), con el cabello decolorado por la larga exposición al sol y la sal del mar. Un tercer cuerpo estaba vestido y todos se encontraban apoyados en el arco del bote. Los tres estaban muertos, todos bajo el cielo abierto que había visto al buque más grande hundirse en el océano.”

El bote que describe se trataba del plegable A. Se halló a más de 200 millas de distancia de donde finalmente sucedió la catástrofe. En los últimos momentos del Titanic, el salvavidas consiguió ser liberado gracias al esfuerzo de los que aún quedaban a bordo. Sin embargo, no dio tiempo suficiente a que fuese montado adecuadamente y quedó a la deriva semi inundado. Varias personas desesperadas nadaron hacia él, pero aquello acabó por convertirse en una lucha campal de la que sólo 13 salieron victoriosos. Los minutos parecían horas y el frío era mortal. Cuando el Quinto Oficial Harold Lowe regresó a buscar supervivientes, encontró el bote. Sus pasajeros se encontraban en muchos casos aletargados por la hipotermia y con el agua hasta las rodillas. Rescataron a 10 personas y dejaron 3 cuerpos a la deriva. Había pasado demasiado tiempo.

Los tres cadáveres fueron subidos al Oceanic, donde se procedió a su identificación. Uno de ellos no pudo ser identificado, aunque se cree que pertenecía a un varón, probablemente un bombero. Los otros dos correspondían a dos pasajeros, uno de primera clase y el otro de tercera. No se les asignó ningún número, pero siguiendo con la numeración les corresponden el 331, 332 y 333.

Las condiciones de los cadáveres eran bastante malas producto del tiempo que habían pasado a la deriva. Como tampoco llevaban ningún tipo de producto que pudieran mantenerlos hasta llegar a tierra, se decidió enterrar a los tres cuerpos en el mar. De nuevo, Sir Shane Leslie describe así la situación.

“Los cadáveres fueron metidos en sacos de lona con una barra de acero en los pies. A continuación, se celebró un pequeño servicio en su memoria y uno tras otro fueron hundiéndose en el mar…”

Thomson Beattie, 36 años, pasajero de primera clase, cadáver número 331



Thomson era un agente inmobiliario canadiense tras un viaje de placer por Europa. Estaba en el Titanic junto a John Hugo Ross y su inseparable Thomas McCaffry (si quieres saber más pulsa aquí). Cuando el buque ya estaba en sus últimos instantes, Thomson y Thomas saltaron al agua donde intentaron aferrarse al plegable A. El último nunca lo consiguió. Beattie finalmente pereció a lo largo de la noche. Thomson fue enterrado en el mar el mismo día que su madre hacía 82 años. Curiosamente ella había nacido a bordo de un barco con destino a Canadá muy cerca del lugar donde su hijo reposaría eternamente






Arthur Keefe (O’Keefe), 44 años, tercera clase, cadáver número 332

Arthur se encontraba en el Titanic regresando a casa tras unas vacaciones. Había estado mandando cartas y souvenirs a su familia durante todo su viaje. Justo antes de partir en el buque, mandó una carta a su hermana contándole sus intenciones de volver a bordo del barco más grande del mundo. La noche del hundimiento consiguió llegar al plegable A según el testimonio de Olaus Abelseth, con quien había compartido tren de camino a Southampton. Intentó reanimarlo cuando avistaron al Carpathia pero lo único que Arthur acertó a decir fue “¿Tú quién eres?, déjame en paz.” Murió pocos minutos después. Su hermana recibió la carta en la que le confirmaba su pasaje en el Titanic el mismo día del hundimiento.


S.S. OTTAWA


S.S. Germanic, después bautizado como Ottawa

El Ottawa era un petrolero que se encontró con la penúltima víctima del Titanic el 6 de junio de 1.912, ya un mes y medio después de la tragedia. Al cuerpo no se le asignó ningún número, le correspondería el 334. El chaleco salvavidas había permitido que el hombre siguiese a flote y aunque sus condiciones eran bastante malas, pudo ser identificado.

William Thomas Kerley, 28 años, mayordomo de segunda clase, cadáver número 334
Proveniente de una familia granjera inglesa, William dejó la escuela a los 16 años para dedicarse a servir. Durante años estuvo ejerciendo como mayordomo para una adinerada familia en Inglaterra, que le daría experiencia suficiente como para dar el salto a trabajar en el mar. El Titanic era su primer barco. Firmó su contrato el 4 de abril de 1.912. Estaría emocionado por su nuevo trabajo. La noche del hundimiento probablemente estaba en cubierta. No consiguió asirse a ningún bote. Fue enterrado en el mar.

S.S. ILFORD


El Ilford sería el último buque que recogió víctimas del Titanic. Fue el 8 de junio de 1.912 cuando se encontró durante su recorrido con un cuerpo flotando en el mar. Al igual que en el Ottawa y el Oceanic, no hubo numeración. Le correspondería el 335. Este número nos daría la cifra final de cadáveres recuperados. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los 4 cuerpos que subió y enterró en el mar el Carpathia nunca se numeraron, por lo tanto contaríamos con 339, a los que hay que restar dos, ya que los número 324 y 325 nunca se utilizaron. Podemos por tanto confirmar que el número de cuerpos recuperados fue de 337.
William Frederick Cheverton, 27 años, mayordomo de primera clase, cadáver número 335
Miembro de una familia humilde de diez hijos, William comenzó a trabajar muy temprano como pintor. Sin embargo, pronto comenzó a embarcarse en distintos navíos. Sus compañeros lo describían como ejemplar en su trabajo. Llevaba algunos tatuajes en su antebrazo izquierdo, sus ojos eran azules y su pelo castaño. Al igual que otros muchos, Cheverton había sido transferido del Olympic el hermano gemelo del Titanic, donde también había ejercido como mayordomo de primera clase. Sería su última travesía. Fue enterrado en el mar. Su madre se benefició del fondo de ayuda del Titanic, ya que William le pasaba regularmente parte de su salario para que pudiera mantener a su hermana Nellie que tenía una discapacidad.



HALIFAX, LA MORGUE DEL TITANIC

Fue Halifax, Nueva Escocia, Canadá, el punto central donde fueron ubicadas las labores de identificación y los entierros de las víctimas del Titanic. La pista de hielo local, Mayflower, se convirtió en la morgue improvisada para los 209 cuerpos que pudieron ser trasladados a tierra firme. El lugar fue elegido por John Henry Barnstead, ya que era el único sitio que podría conservarlos adecuadamente para que sus familiares pudieran identificarlos. Se hicieron apresuradamente varias mesas de madera para albergar a los muertos.
Cuando el Mackay-Bennett llegó con su triste cargamento, todas las campanas de las Iglesias de la ciudad redoblaron en señal de luto. Les llevó tres horas y media bajar los cadáveres. Éstos fueron llevados por carrozas de caballos hasta Mayflower.
No muchas de las familias de los fallecidos podían viajar hasta Halifax para identificar a sus seres queridos. De hecho, sólo 59 de los cuerpos recuperados pudieron ser devueltos a sus familias. Éstos eran en su mayoría los cadáveres pertenecientes a los pasajeros de primera clase, prácticamente los únicos en poder pagar los costosos entierros y traslados pertinentes, de los que la White Star Line no se hizo cargo. El resto tuvo Halifax como último destino. Allí reposan 150 de las víctimas.
Como Barnstead no pudo identificar a muchos de los cuerpos, decidió contratar los servicios de un fotógrafo local que se encargó de retratar a todos y cada uno de los cadáveres recuperados del Titanic. Estas instantáneas fueron claves para conseguir dar una identidad a algunos de las víctimas. En la actualidad se conservan muy pocas. La mayoría pertenecen a colecciones privadas y nunca se han hecho públicas en su totalidad.
John Law “Jock” Hume, 21 años, violinista de la banda del Titanic, cadáver número 193
La empresa Black, encargada de contratar a los miembros de la banda de música del Titanic, recibió la fotografía. Fueron ellos los que finalmente reconocieron el cuerpo 193. Su afligido padre recibiría la noticia en su casa, donde también se le enviaron las últimas pertenencias de su hijo. Ninguno de estos objetos fue a parar a las manos de la novia y reciente prometida del joven, Mary, quien estaba embarazada de su hijo. Tras un juicio, la chica consiguió que su hija recibiera el apellido de su padre y también la ayuda del fondo para las víctimas.





Toda la ropa de las víctimas fue quemada para evitar robos que acabaran siendo vendidos como reliquias de la tragedia, sin embargo, no fueron capaces de hacer cenizas los pequeños zapatitos del niño desconocido. Éstos fueron guardados cuidadosamente y hoy se pueden contemplar en el Maritime Museum of the Atlantic, ubicado en Halifax.

El trabajo de John Henry Barnstead fue tan concienzudo que incluso en la actualidad su método sigue utilizándose. Tanto es así, que se siguió en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York.
Alan Ruffman, autor del libro Titanic Remembered y originario de Halifax escribió.
“Lo construyeron en Belfast, lo hundieron en el Atlántico y nosotros lo enterramos. En ese sentido, la parte final de la historia del Titanic le pertenece a Halifax”.
Tres cementerios de la ciudad se hicieron cargo de enterrar a las víctimas que no habían regresado a casa. El que más número de muertos albergó fue el de Fairview Lawn con 121 víctimas enterradas en él, le sigue el Mount Olivet con 19 víctimas y por último el Baron de Hirsch con 10 víctimas.
Fue la propia naviera White Star Line la que se encargó de costear los entierros y lápidas de aquellos que no habían sido devueltos a sus familias. Todas las tumbas se componen de un monolito de granito donde figura el número de cuerpo, el nombre (si está identificado) y la fecha en la que falleció. Algunas se encuentran más personalizadas, ya que las familias o distintas organizaciones así lo han dispuesto. Éstas están localizadas en el cementerio de Fairview Lawn.

CEMENTERIO DE FAIRVIEW LAWN




Sin duda alguna Fairview Lawn es el lugar más importante referente a los cuerpos recuperados en la tragedia del Titanic. En este cementerio existe una zona específica donde 121 cadáveres fueron enterrados. Allí varios monolitos de granito se agrupan reflejando la realidad de lo que supuso su hundimiento.
Cada año es visitado por miles de personas que quieren mostrar sus respetos a las víctimas de una de las tragedias más famosas del mundo. La película Titanic (1.997), de James Cameron lo puso en el punto de mira debido a su protagonista, el ficticio Jack Dawson. Lo que él no sabía es que en realidad otro J. Dawson había embarcado realmente en el Titanic. Su cuerpo, el número 227, fue recuperado por el Mackay-Bennett y enterrado allí. Su lápida es una de las más frecuentadas, habiendo llegado a estar plagada de flores.

Otra de las tumbas más concurridas es la del niño desconocido, Sidney Leslie Goodwin. Numerosas personas dejan recuerdos en su memoria, con flores o distintos juguetes. Es una de las lápidas que difiere del resto. Ésta fue costeada por los miembros de la tripulación del Mackay-Bennett gracias al dinero que recibieron como recompensa por hallar a J.J. Astor.

Christopher Ward, el nieto de John Law Hume, declaró en un documental sobre el tema,
“Todo este cementerio es un monumento a la arrogancia y el descuido de la compañía White Star Line. Así lo veo. Me molesta estar parado aquí”.

De las 1.496 víctimas del Titanic tan sólo se recuperaron 337 cadáveres. Resulta ínfimo en comparación, el 22.5% de los fallecidos. El naufragio ocurrió en el punto donde la corriente del Golfo se une con la corriente fría del Labrador. Es una de las áreas con mayor movimiento de agua, lo que dificultó mucho que varios de los cuerpos siguieran a la vista para poder ser rescatados. El mal tiempo también provocó que muchos se hundieran para siempre en el mar.
Los restos del Titanic se encontraron el 1 de septiembre de 1.985 por el oceanógrafo Robert Ballard. Desde entonces, son varias las expediciones que se han hecho al pecio. En ninguna de ellas se han encontrado restos humanos. Sin embargo, la zona del hundimiento está repleta de zapatos. Éstos son los últimos testigos de todos aquellos que nunca pudieron ser enterrados, los últimos ecos de la tragedia.

En memoria de mi amigo Claudio, quien seguro se encuentra recorriendo las cubiertas del Titanic junto a ellos.

[Irene Hernández Rodríguez]