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Viaja un siglo atrás y adéntrate en el Buque de los Sueños. En su interior, las vidas y las historias de las 2,208 personas que depositaron sus ilusiones, sus esperanzas y sus anhelos en él. Conoce de su propia mano esta travesía que ya es eterna, conoce la Verdadera Historia del Titanic.


viernes, 9 de febrero de 2018

¿Atrapados? La historia de las rejas del Titanic

Después de un tiempo sin publicar, os presento este nuevo artículo sobre otro de los temas controvertidos de la historia del Titanic: las rejas, su localización y si cerraron el paso a los pasajeros de tercera clase durante el hundimiento.  Este tema que trataremos es siempre objeto de discusión: ¿realmente encerraron a los pasajeros de tercera clase para que no pudieran salvarse o es un mito como tantos otros hay alrededor del Titanic?En este artículo vamos a desglosar los diferentes testimonios que existen respecto a las rejas, algunos de ellos confirmando que las hubo y otros desmintiendolo. Finalmente veremos a qué se deben estas declaraciones encontradas y cómo es posible que ciertos pasajeros no tuvieran ningún problema para subir a cubierta y otros sí. Comencemos.

LEYES DE INMIGRACIÓN

Que existían algunas rejas en el Titanic para mantener a las clases separadas es indiscutible, las leyes de inmigración requerían dichas barreras en los barcos con inmigrantes para prevenir el contagio de enfermedades. Los barcos que no cumplieran esta norma podían ser puestos en cuarentena hasta que todos los pasajeros fueran médicamente examinados, así que la segregación de los pasajeros era algo tomado muy en cuenta por las compañías navieras. ¿Es posible que esas rejas fueran responsables de la creencia de que los pasajeros de tercera clase del Titanic fueron encerrados en las cubiertas inferiores? Vamos a examinar el funcionamiento normal de dichas barreras durante una travesía rutinaria.

El camarero John Hart declaró que las rejas que separaban tercera de segunda clase normalmente estaban abiertas, pero que un contramaestre o un marinero permanecían en dichas verjas para asegurarse de que nadie pasara por ahí. Edward Wilding, un arquitecto naval de Harland & Wolff, confirmó que no había nada para prevenir el paso de los pasajeros de tercera a zonas de segunda clase “excepto la vigilancia de camareros”.

Michael McKinney, un pasajero del Olympic, describió su propio encuentro con estas rejas que, en su caso, separaban primera y segunda clase:

“Hasta que uno no se orienta es fácil perderse en el barco. Encuentras un hueco de una chimenea y luego tratas de llegar ahí y no consigues encontrarlo. Anoche bajé algunas escaleras de la cubierta de primera clase y me encontré en los camarotes de segunda clase. Un camarero me guió a través de una reja de hierro.”

El uso de McKinney del término “reja de hierro” en la zona de los camarotes de clase sugiere que hablaba de unas rejas Bostwick en vez de una baranda que pudiera ser saltada fácilmente por un hombre como las descritas por Gracie.

Verjas Bostwick
Edward Wilding testificó acerca de la localización de cuatro “puertas de emergencias” en la cubierta E que normalmente estaban cerradas y separaban tercera clase de segunda y primera.

Imagen 1. Puertas de emergencia en Scotland Road (Cubierta E). Las puertas A, D y E eran para pasajeros mientras que las B y C eran para tripulación.

De acuerdo con Wilding “hay una [A] pegada a la entrada de proa de primera clase desde Scotland Road en la parte superior, entonces podías llegar hasta ahí; otra [D] de Scotland Road hasta la entrada de proa de segunda clase, y otra [E] desde Scotland Road a la entrada de popa de segunda clase”. Añadió que una cuarta puerta de emergencia [B] estaba situada a los pies de las escaleras de los camareros que llevaba hasta la despensa de primera clase en la cubierta D, y unos planos del Titanic encontrados en el National Archives muestra una quinta puerta de emergencia [C] que accedía a las escaleras que guiaban a la despensa de segunda clase.

Wilding testificó que estas puertas de emergencia estaban cerradas con un “pomo ordinario” y que, aunque estaban equipadas con candados, entendió que nunca estaban cerradas durante las travesías. “He pasado frecuentemente a través de ellas en el mar”. Añadió que Scotland Road era usada por pasajeros de tercera y por la tripulación y que las puertas de emergencia estaban ahí para evitar la necesidad de poner tripulantes en esas localizaciones como guardias para prevenir que los pasajeros de tercera clase pasaran a segunda clase. “Esa era la intención”, aseguró Wilding. “Si no pones puertas ahí, o barreras, tendrías que tener a alguien ahí continuamente para evitar que la gente vaya a las zonas de segunda clase y perderse en el camino, por ejemplo”.

Cabe resaltar que estas puertas de emergencia que llevaban desde las cubiertas de tercera hasta la cubierta de botes estuvieron cerradas en ciertos momentos durante la breve existencia del Titanic. Maurice Clarke, un oficial de inmigración del Board of Trade, testificó que algunas de esas puertas estaban cerradas cuando inspeccionó el Titanic a las 8 a.m. el 10 de abril antes del inicio del viaje desde Southampton. “Bueno, la razón para tener esas puertas cerradas es para que los fogoneros y camareros y otra gente no pasaran a otros lugares mientras navegan. Están muy congestionados. El barco está muy congestionado de muchos visitantes, algo así como mil visitantes.” Declaró Clarke.

Sobre rutas específicas para abandonar las zonas de tercera clase y llegar a la cubierta de botes, Edward Wilding testificó:

“Pueden ir por Scotland Road, a lo largo de esta cubierta, y entrar en la entrada de proa de primera clase a través de una puerta de emergencia que hay ahí; después subir esas escaleras [A] o pueden continuar más allá y subir por las escaleras de los camareros. Está abierto a Scotland Road, como lo llamamos, el gran callejón de los trabajadores [B].”

Wilding continuó y describió qué debían hacer los pasajeros de tercera después de subir la escalera principal de tercera clase:

“Subirían a una cubierta abierta. Entonces podrían ir una de dos, ya sea escaleras arriba en el extremo de la cubierta del puente o por la cubierta B y a lo largo de la entrada de proa de segunda clase, y luego subir a la cubierta de botes, o podrían ir, según entiendo que fueron según las evidencias, a través y más allá de la biblioteca de segunda clase hacia las acomodaciones de primera clase, a lo largo de la cubierta derecha de primera clase hasta la entrada de primera clase. Creo que uno de los camareros dijo que había llevado dos grupos de esa forma.”




Imagen 2. Una vista de de la oficina de sobrecargos en la cubierta E del Olympic en 1.924. Tras la pareja de frente a cámara hay una puerta de emergencia de madera cerrada.

Después de abandonar Scotland Road, en la cubierta E, y subir la escalera hacia la cubierta C, los pasajeros podrían acceder a la cubierta del pozo de proa, que fue designada como la cubierta de paseo de tercera clase. Con el objetivo de alcanzar la cubierta de botes desde la cubierta de paseo de popa, era necesario subir una escalera en la cual al final había, cómo describió Wilding, “una puerta de bisagras la cual cualquiera podría saltar y pasar sobre ella, en estribor y en babor… Eso es lo único que impedía el paso de los pasajeros de tercera en una travesía ordinaria de subir a la cubierta de botes” Añadió además que la valla se podía saltar con una mano “con facilidad” y que no había medios de bloqueo para evitar que los pasajeros de tercera pasaran sobre ella. El pasajero de segunda clase Lawrence Beesley reportó que un hombre de tercera subía diariamente una de estas dos escaleras para hablar a través de la puerta con una familiar de segunda clase (Beesley se refería Nils Johansson y su prometida Olga Lundin, quien se había trasladado a un  camarote de segunda clase, ya que en su camarote de tercera se sentía indispuesta debido a que el mar se notaba más en las cubiertas inferiores). Igualmente, la pasajera de segunda clase Edwina Troutt, declaró más tarde que su compañera de camarote Susan Webber hablaba a través de la misma cancela con unos amigos de su ciudad natal que viajaban en tercera. Estas verjas se pueden ver en las imágenes 3 y 4, y en ésta última imagen se puede ver una indicación arriba de las escaleras que llevaban a la cubierta B que advertía:

“ATENCIÓN: LOS PASAJEROS DE TERCERA NO ESTÁN PERMITIDOS EN ESTA CUBIERTA.”



Imagen 3. Plano de la cubierta del pozo de popa (cubierta C). Se indican las localizaciones de las rejas bajas arriba de dos escaleras que subían a la cubierta B.

Imagen 4. Puerta de barandilla en la parte superior de la escalera que lleva desde la cubierta del pozo de popa del Olympic a la cubierta B.

Un camino final para los pasajeros de tercera para alcanzar la cubierta de botes era subir las escaleras interiores en el extremo de la proa y subir a la cubierta de paseo de proa. Edward Wilding testificó que, desde la cubierta de paseo, los pasajeros de tercera tendrían que “subir por estas escaleras en el extremo de proa de la cubierta del puente, rodear la esquina, ya sea por babor o por estribor, y luego subir las escaleras directas a la cubierta de botes.”

Las fotografías indican que, aunque pudieran estar cerradas, la puerta de barandilla que bloqueaba la escalera que llevaba desde la cubierta de paseo de proa no estaba equipada con ningún mecanismo que la bloqueara. [Imagen 5]




Imagen 5. Puerta de barandilla arriba de una escalera que lleva desde la cubierta del pozo de proa del Olympic hasta la cubierta B.


Como acabamos de ver en el caso del pasajero del Olympic, Michael McKinney, había rejas para separar primera y segunda clase y evitar que entraran en otras zonas. Archibald Gracie menciona la existencia de una pequeña “puerta y barandilla de hierro que divide los camarotes de primera y segunda clase” en la cubierta de botes del Titanic. Esta puerta era tan pequeña que Gracie podía saltarla fácilmente. Esta misma “puerta y barandilla de hierro” paró a una multitud de personas (a las que Gracie llamaría “oleada humana”) que estaban huyendo del hundimiento de la zona del puente durante los momentos finales del hundimiento [Imagen 6 y 7]:

“En cinco minutos el agua de la cubierta inferior alcanzó la cubierta de botes en la que estábamos y los marineros no tuvieron tiempo de soltar el bote; así que Mr. Clinch Smith y yo decidimos correr hacia la popa, pero sólo habíamos dado unos pasos cuando, para nuestra sorpresa, una oleada humana comenzó a subir desde las cubiertas inferiores, de tercera o segunda clase quizá, mirando hacia nosotros. Pero ni aquí hubo pánico, a pesar de la evidente muerte atroz que se avecinaba.”



Imagen 6. Cubierta de botes. Señaladas las ubicaciones de las puertas de barandillas. La señalada en AZUL es en la que Gracie posiblemente viera la "oleada humana" dirigiéndose a la proa. La X indica la posición de Gracie cuando vio lo indicado anteriormente. 



Imagen 7. La "puerta de hierro y la barandilla" que dividía las cubiertas de paseo de primera y segunda clase en el Olympic.



En conclusión, algunas de las barandillas con cancela y puertas cerradas equipadas con candado existieron en las cubiertas inferiores, pero no está claro si había tripulantes colocados rutinariamente en esas barreras con el objetivo de mantener a los pasajeros de tercera lejos de pasar a segunda clase. El camarero Hart declaró que los había, pero Edward Wilding dijo que había barreras en sustitución a dichos guardas, lo cual, si es cierto, significa que los tripulantes no estaban ahí todo el tiempo. Parece ser que los marineros no estaban colocados en las cubiertas abiertas como guardas, pero los contramaestres y camareros de cubierta tenían un ojo en los pasajeros de tercera para evitar que subieran las escaleras de la cubierta de paseo y saltaran las bajas barandillas hacia las cubiertas de segunda clase.

BARANDILLAS CERRADAS BLOQUEANDO LAS SALIDAS DESDE LA CUBIERTA DE CARGA DE POPA 

Los testimonios de los pasajeros recordando eventos que tuvieron lugar en estas puertas vigiladas son contradictorias, así que veremos un breve sumario de estos relatos.

Mientras que Edward Wilding reivindicaba que las puertas que bloqueaban el paso de dos escaleras que llevaban desde la cubierta de carga de popa hasta la cubierta B no tenían ningún tipo de mecanismo para bloquearse, Daniel Buckley defendía que un camarero empujó a un pasajero en una de estas escaleras y bloqueó la puerta en la parte superior para evitar que nadie pasara por ahí. El pasajero caído rompió la reja cerrada y “todos los pasajeros de tercera” corrieron a través de la puerta hacia la cubierta de botes. Es probable que la puerta de Buckley estuviera simplemente encajada en lugar de bloqueada, puesto que no hay signos visibles de un mecanismo de bloqueo en estas puertas en las fotografías tomadas en el pecio.

Por otro lado, Olaus Abelseth dice que la mayoría de pasajeros de tercera esperaron pacientemente tras las rejas cerradas incluso cuando algunos impacientes saltaban las rejas escalando por las grúas de la cubierta de carga, subiendo hasta la cima y saltando a la cubierta B. Finalmente, un oficial se acercó a la valla y eligió a una mujer para subir desde la cubierta de carga y luego volvió y llamó a todo los demás para pasar.

Laura Cribb dijo que pudo pasar fácilmente la pequeña puerta cerrada al final de la escalera, mientras a Frank Goldsmith y su madre se les dejó pasar por una puerta abierta sin oposición.

Un camarero agarró la mano de Annie Kelly y le apresuró a que subiera la escalera y pasara la reja sin ninguna objeción de los guardas, puesto que los marineros estaban “para ayudar a toda la gente a subir las escaleras”.

Elias Yarrad y su hermana no pudieron pasar en un principio por la vigilada verja, pero les dejaron pasar finalmente para alcanzar la escalera que llevaba a la cubierta A. Un marinero impidió pasar a Helmina Nisson a través de la cancela, pero finalmente logró pasar la valla cuando éste se dio la vuelta un momento.

A Sara Roth le impidió pasar un marinero que le dijo “Tengo órdenes de no dejar pasar a nadie por esta escalera en esta cubierta. Es imposible que este barco se hunda.”.

Katherine Gilnagh y un grupo de otras chicas irlandesas fueron detenidas en una valla por un marinero que no les dejaría pasar hasta que Jim Farrell gritó “¡Por Dios, hombre! ¡Abre la puerta y deja pasar a las chicas!”. El marinero dejó pasar a las chicas y un hombre cogió a Gilnagh en sus hombros para que pudiera subir de la cubierta B a la A.

Por tanto, las cancelas en lo alto de las dos escaleras (Imágenes 3 y 4) aparentemente impedían a la mayoría de los pasajeros de tercera abandonar la cubierta de carga de popa hasta que los oficiales les daban permiso para hacerlo. No obstante, a algunos pasajeros sí se les permitió pasar por estas puertas sin ser detenidos, mientras otros las pasaban desapercibidos, forzando su camino más allá de las cancelas vigiladas o escalando las grúas de carga y saltando las puertas con el objetivo de llegar a la cubierta de botes. Algunas de las contradicciones en estas historias pueden explicarse por el hecho de que había dos escaleras diferentes que llevaban desde la escalera de carga de popa hasta la cubierta B y que diferentes marineros habrían estado vigilando dichas vallas durante el hundimiento.

OTRAS REJAS VIGILADAS EN LAS CUBIERTAS SUPERIORES

A pesar de que no parece que hubiera barreras físicas en las cubiertas superiores del Titanic con la intención de evitar que los pasajeros o la tripulación no autorizada saltaran a la cubierta de botes, ocasionalmente, los tripulantes se encargaron de mantener a estas personas para que no llevaran a cabo su objetivo. Arthur Peuchen testificó que vio a un oficial mandar a un gran número de tripulantes abandonar la cubierta de botes y regresar a las cubiertas inferiores de las que habían salido. Peuchen dijo:

“Cuando llegué a la primera cubierta, en esta cubierta superior unos cien fogoneros subieron con sus bolsas y parecían ocupar toda esta cubierta frente a los botes. Uno de los oficiales llegó y dirigió a estos hombres fuera de esa cubierta. Fue un acto espléndido… Los condujo, a cada hombre, como si fueran muchas ovejas, justo al lado de la cubierta. Los condujo justo delante de él, y desaparecieron. No sé dónde fueron, pero fue un acto espléndido. No pusieron ninguna resistencia. Los admiro por ello.”

De forma similar, Charlotte Collyer buscaba la cubierta de botes y se encontró con un tripulante herido que había llegado desde abajo. Mrs. Collyer vio como el tripulante “bajó las escaleras y se cayó, golpeándose, con su cabeza en un rollo de cuerda… Los oficiales ahora corrían de un lado para otro y gritando órdenes… Vi al Primer Oficial Murdoch colocando guardias en las pasarelas para evitar que otros como el herido fogonero subieran a la cubierta. Cuántos desgraciados hombres fueron echados de vuelta de su única posibilidad de salvación no lo sé, pero Mr. Murdoch probablemente actuara correctamente.”

Si dichos guardas estaban en efecto colocados en las cubiertas superiores para evitar que sus compañeros tripulantes llegaran a la cubierta de botes, pocos tripulantes supervivientes declararon haberse encontrado con ellos.

TESTIMONIOS DE BARRERAS ABIERTAS EN LAS CUBIERTAS INFERIORES

Existe un pequeño cuerpo de testimonios que ha llevado a los investigadores a creer que todas las salidas de las cubiertas de tercera estaban abiertas durante el hundimiento y que todos los pasajeros de tercera tenían acceso libre a la cubierta de botes. En efecto, la camarera Violet Jessop dijo que, por lo que sabía, los pasajeros de tercera no fueron retenidos tras rejas cerradas como se describe en la película “La última noche del Titanic”.

Parece ser que ciertas salidas de las cubiertas inferiores estaban disponibles para los pasajeros que fueron dirigidos a dichas puertas abiertas por los camareros y para los que pasaron a través de ciertas puertas desbloqueadas que simplemente no abrieron. El pasajero Berk Pickard testificó que encontró una puerta abierta de par en par que llevaba desde tercera hasta segunda clase y que pasó a través de ella y logró llegar a la cubierta de botes; Pickard añadió que después “no pudimos volver atrás de nuevo… El camarero no nos permitió volver. Nos hicieron ir hacia proa en la cubierta. No había puertas cerradas para evitar que volviéramos”. La localización de estas puertas es desconocida, pero posiblemente estuvieran en la cubierta E. El camarero John Hart dijo que las puertas de tercera clase estaban abiertas cuando guió a los pasajeros a la cubierta de botes, y añadió que la puerta de emergencia a segunda clase estaba abierta cuando la vio a las 00.30 h. Hart no vio ningún marinero evitando que la gente abandonara las cubiertas de tercera, pero vio pasajeros de tercera dirigiéndose hacia popa por la cubierta de carga de popa antes que subiendo la escalera de la cubierta de carga de proa hacia la cubierta de botes (¿Quizá porque la puerta de la escalera de proa estaba cerrada?). Hart guió a un grupo de pasajeros de tercera desde la cubierta del pozo de popa, dentro del barco y a través de la cubierta C, pasando la biblioteca de segunda clase, a través de una puerta que daba a la zona de primera clase y luego hacia delante a la escalera de popa de primera clase, cerca de la barbería. [Imagen 8]




Imagen 8. El camino por el que Hart guió a los pasajeros de tercera desde la cubierta del pozo de popa hasta la escalera de la cubierta C, la cual llevaba a los botes.

Parece ser que varias salidas de las cubiertas de tercera estaban abiertas y daban a los pasajeros de tercera acceso a las cubiertas de segunda tras la colisión. La puerta a través de la cual Hart guió a los pasajeros desde tercera hasta primera clase parece que estaba desbloqueada y accesible para todos los pasajeros, pero es posible que otros pasajeros fueran disuadidos de usar esta y otras puertas similares debido a las señales de aviso de que los pasajeros de tercera no tenían permitido (normalmente) abrir o pasar por dichas puertas.

TESTIMONIOS DE PUERTAS CERRADAS O VIGILADAS EN LA CUBIERTAS INFERIORES

-Minnie Coutts (36 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 2)

(Testimonio personal)
"Casi todo el mundo estaba ya en cubierta y nosotros estábamos en camino cuando vimos al mismo oficial. Le dije de nuevo que no tenía chaleco salvavidas. Me dijo que le siguiera y ordenó a las pocas personas que seguían en los pasillos a subir a cubierta. Nos llevó a través de varios pasillos y pasajes desde los salones de primera clase hasta su propio cuartel. Ahí cogió su propio chaleco salvavidas y me lo ató… Entonces nos dijo que fuéramos en una dirección, pero cuando llegamos allí ni Willie ni yo pudimos abrir la puerta. Nos sentimos atrapados, pero por extraño que parezca no tenía ni un poco de miedo… Vimos a un marinero y nos enseñó el camino hacia la cubierta de primera clase. Así que podréis ver que fue por muy buena suerte por lo que nos salvamos."

- Eugene Daly (29 años, tercera clase, camarote desconocido, plegable B)

 (Testimonio personal)
"Tras el accidente, estuvimos todos retenidos en tercera lo que pareció ser toda la vida. Durante todo este tiempo sabíamos que el agua estaba subiendo y subiendo rápidamente. Finalmente, a algunas de las mujeres y los niños se les dejó pasar, pero, como sabes, había varios italianos exaltados y otras personas que se volvieron locos y saltaron hacia las escaleras. Estos hombres intentaron asaltar la escalera, empujando y agarrando a las mujeres. Algunos de ellos con armas en sus manos. Vi dos disparos “dagos” y alguien fue castigado por los oficiales. Tras un rato, subí a una de las cubiertas…"
[Nota: Daly especificó que los disparos tuvieron lugar en las cubiertas superiores y que estaban relacionados con el suicidio de un oficial].






-Mary Davis (28 años, segunda clase, camarote desconocido, bote 13)
(Testimonio personal)

"Oh, voy a contarte sobre tercera clase. Por supuesto, bajamos ahí para bajar la cuna. Y bajamos para ver qué es lo que era. Era terrible lo que había allí abajo. Estaba lleno, toda la gente, viniendo de tercera y ni siquiera tuvieron una oportunidad, nunca la tuvieron… Había un oficial con un revólver junto a la verja por la que pasamos, evitando que ellos subieran. Y no quiero contarte sobre aquello, no quiero pensar en ello más de lo que pueda ayudar… Creo que es una vergüenza que no se les diera ni una oportunidad. Fue algo terrible."






-Elin Hakkarainen (24 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 15)


(Testimonio personal compilado por su hijo)



"Pronto hubo un fuerte y rápido golpe en la puerta y una de mis amigas de Finlandia entró para decir que el barco había chocado con algo y se estaba hundiendo. “Donde está Pekko?” preguntó. “Ha ido a ver porqué el barco se había parado. No sé dónde está ahora.” “Cómo ha conseguido salir del pasillo? ¡Están todas las puertas cerradas!” continuó. Estaba confundida; no sabía qué hacer a continuación. Tras unos momentos cogí mi bolsa y el chaleco salvavidas y corrí hacia el pasillo. ¡La puerta al final del pasillo estaba cerrada! Corrí al otro extremo del pasillo y encontré otra puerta cerrada. Había más pasajeros en ese pasillo buscando una salida. Tras deambular un poco descubrí otra puerta que estaba abierta y llevaba a otro pasillo. Finalmente corrí hacia mi amiga que me había despertado. Un camarero del barco apareció con un pequeño grupo de mujeres diciendo “Mejor que venga conmigo”. Dijo “Hay otro camino para llegar a la cubierta superior”. Nos dirigió hacia una escalera de servicio, la cual era usada sólo por la tripulación para moverse por el barco [Esta escalera podría ser la puerta de emergencias de la cubierta E que llevaba hasta la despensa de segunda clase]. “Seguidme” dijo el camarero. “No tenemos mucho tiempo”. Subimos la escalera, hacia el comedor de segunda clase en la cubierta D, luego otra escalera hasta la cubierta de paseo de segunda en la cubierta B y finalmente hasta la cubierta de botes."

-Neshan Krekorian (25 años, tercera clase, E-57, bote 10)

 (Artículo)
"Como se vio después, algunos de los inmigrantes europeos y del este en las cubiertas inferiores puede que no tuvieran una oportunidad. Por ley, los pasajeros de tercera clase estaban separados de los otros, ostensiblemente para prevenir el contagio de enfermedades. Rejas de hierro obstaculizaban su escape. Varias puertas cerradas tuvieron que ser abiertas por Krekorian y otros que luchaban por subir a las cubiertas superiores. En cubierta, la escena era calmada al principio, pero en las siguientes dos horas las cosas se deterioraron. No había suficientes botes."

(Artículo)
Krekorian le contó a Hustak que recordaba escuchar el choque y sentir que el barco “se iba hacia atrás y se inclinaba hacia un lado” la noche que el barco chocó con el iceberg. Entonces llegó la confusión y el pánico. Los pasajeros acomodados en las cubiertas superiores subían a los botes, mientras los pasajeros de tercera estaban atrapados en las cubiertas inferiores. “Creo que mi padre estaba encima de la sala de máquinas, pero automáticamente cerraron todas las puertas” contó George Krekorian. “Me dijo que había un hacha y tuvo que romper la puerta y subir tres pisos”. Una vez ahí, la historia toma un sentido terrorífico. Vio hombres mirando desde las cubiertas cómo mujeres y niños eran bajados en los botes salvavidas a flotar en el helado Atlántico.

-Margaret Mannion (28 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 16)

(Testimonio escrito por su nieto)
"Abajo, los pasajeros de tercera clase empezaron a asustarse, especialmente cuando el agua empezó a subirles por los pies. Por fin un valiente irlandés saltó y dijo “Es hacerlo o morir” y el resto de hombres afirmaron. Invadieron los pasillos seguidos por sus señoras con ropas ligeras. De repente fueron detenidos por una gran reja a los pies de una escalera, pero algunos de ellos se las arreglaron para tirarla abajo. Avanzaron con todas sus fuerzas. En un momento un marinero intentó detenerlos, pero se encargaron de él. Pronto llegaron arriba, donde había dos marineros más con armas. Intentaron amenazar a los pasajeros disparando al aire, pero esto no asustó a los hombres. Simplemente echaron a un lado a los marineros y corrieron hacia los botes. Hombres de las tres clases intentaron subir a los botes, pero algunos fueron disparados por su acción."                                                                                                
-Bertha Mulvihill (25 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 15)

(Artículo)

Tras el desastre, Bertha se quejó amargamente a su familia por el trato que había recibido por parte de la White Star Line. Bertha le contó a los miembros de su familia que todos ellos habían sido “retenidos bajo la cubierta por mucho tiempo”. También dijo que “cada vez que subíamos una escalera estaba cerrada”, y que Eugene Daly peleó y suplicó a los tripulantes para que dejaran subir a las chicas a cubierta. Incluso después de que los tripulantes les permitiera pasar, no fue sin incidentes. Cuando intentaron subir las escaleras, un fogonero empujó a Bertha y la hizo caer varios escalones.



-Margaret Murphy (25 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 16)


(Entrevista)

"Una multitud de hombres estaban tratando de subir a una cubierta superior y estaban luchando con los marineros; todo golpes, forcejeos y empujones. Las mujeres y algunos niños estaban rezando y llorando. Entonces los marineros cerraron las escotillas que llevaban a las sesiones de tercera clase. Dijeron que querían mantener el aire abajo para que el barco pudiera flotar más tiempo. Significó que toda la esperanza se iba para aquellos que seguían allí abajo."

(Entrevista)

"Antes de que los pasajeros de tercera tuvieran la oportunidad de sus vidas, los marineros del Titanic cerraron las puertas y escotillas que llevaban a la sección de tercera clase. Eso significaba una muerte segura para todos aquellos que se quedaron abajo. Y mientras los marineros estaban echando atrás a los pasajeros de tercera, los botes salvavidas estaban siendo arriados, algunos de ellos ni medio cargados."



-Hannah Touma (27 años, tercera clase, camarote desconocido, bote plegable C)

(Artículo)

Estaba hablando con sus amigos. Muchos estaban bailando en la sala y en el área de cena o tocando sus instrumentos musicales. “Estaba apoyada en la puerta de su camarote cuando el iceberg golpeó el barco” contó [Joseph] Thomas [hijo de Gerios Toumas]. La sacudida hizo que la puerta diera un portazo, cortando el dedo índice de Touma. “Mientras ella estaba en la enfermería siendo tratada, algunos pasajeros subieron a cubierta. Les dijeron que no tuvieran miedo, pero para ir a sus camarotes a rezar” dijo Thomas. Touma, que había subido con su hijo [Gerios], no pudo encontrar a su hija. Bajó, encontró a Mary [Marianna] y cogió su dinero y la anotación con su dirección escrita en ella. Cuando subió las escaleras, dijo que vio marineros cerrando puertas tras ella. Atrapados al otro lado había algunos amigos de su pueblo. Había a confusión, pero Touma se las arregló para meterse ellos tres en un bote.

(Artículo)
Mrs. [Hannah] Touma y sus hijos George [Gerios Touma] y Maria [Marianna Touma] dejaron su camarote en las cubiertas inferiores y “corrieron, con Maria, por el pasillo que llevaba fuera de tercera clase. Mientras dejaban el área de tercera escuchó una fuerte explosión. Mirando atrás vio que la puerta de la sección de tercera clase había sido cerrada y estaba siendo bloqueada. Pensó que sería por seguridad de algún tipo y no se molestó en pensar mucho sobre ello”.

-Anna Turja (18 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 15)

(Entrevista con su nieto)
"Quiero mencionar que mi abuela dijo que cuando ella y sus compañeros subían de tercera clase, un camarero bloqueó las rejas tras ellos, después de no conseguir que ellos retornaran. Así que, en al menos un caso, las rejas fueron cerradas. No creo que tan exagerado como Cameron representa, pienso."
[Nota: Parece ser que un tripulante intentó que Turja retrocediera porque no le había dado permiso para pasar por la reja. Cuando ella se negó a obedecer sus deseos, cerró la reja para evitar que otros pasajeros la siguieran.
Respecto a la mención de la película “Titanic” de James Cameron por parte de su nieto, se refiere a que en dicha película el drama de las rejas cerradas es representado en numerosas ocasiones.]
(Entrevista con su nieto)
"Más tarde, aquella noche de domingo, sintió un temblor y una sacudida. Poco después, el hermano de su compañera de camarote llamó a la puerta y les dijo que “algo iba mal”, que deberían ponerse ropa de abrigo y los chalecos salvavidas. El pequeño grupo se encaminó a las cubiertas superiores. Un miembro de la tripulación intentó retenerlos abajo (les ordenó que se dieran la vuelta), pero se negaron a obedecer y él no discutió con ellos. Ella recordaba claramente, que las puertas estaban cerradas y las encadenaron tras ellos para prevenir que otros pasajeros subieran. Los otros del grupo continuaron subiendo a una cubierta más alta, “donde debe ser más seguro”, dijeron, pero fuera de la pura curiosidad y oportunidad, se quedó en lo que resultó ser la cubierta de botes. Pensó que hacía demasiado frío para subir más y estaba intrigada por la actividad y de la música tocada por la banda, sin embargo, no conocía el nombre de las canciones. Ella recordaba a la banda saliendo de una estancia en la que habían estado tocando y las puertas siendo cerradas después de que todo el mundo hubo salido."

-Adelaide Wells (29 años, segunda clase, camarote desconocido, bote 14)
(Testimonio)
"Recuerdo que vestí a mi hija Joan porque era mayor y no quería llorar. ¡Cuántos problemas tuvimos para subir a la cubierta! La amplia escalera estaba bloqueada y tuve que llevar a mis hijos por la escalerilla de emergencia yo sola."
(Artículo)
Addie Wells y Emily Richards habían paseado por la cubierta del Titanic la noche del 14, notando cuánto frío hacía. Addie y sus hijos estaban bien dormidos cuando el Titanic chocó con el iceberg. Se despertó tremendamente sobresaltada. Escuchó conmoción y un amigo gritó “Vestíos rápido; creo que hay problemas, pero no sé qué”. Habiendo vestido a los niños trató de llevarlos a la cubierta de botes, pero se encontró con que muchas de las puertas que llevaban a la cubierta de botes habían sido cerradas. Buscó frenéticamente hasta que encontró una que estaba sin bloquear. Admitiría después que no se dio cuenta de la seriedad de la situación y pensaba que se trataba de algún tipo de simulacro.
-Elizabeth Wilkinson (30 años, segunda clase, camarote desconocido, bote 16)
(Entrevista)
"Tuvimos tiempo de sobra para subir a la cubierta y a los botes de no haber sido porque uno de los oficiales nos aseguró que no había peligro. Aun así, preferí estar fuera y cuando estaba yéndome vi a otro oficial dando vueltas y cerrando las puertas de los camarotes. Cientos debieron quedar encerrados porque sólo unos pocos habían salido antes de que fuera el oficial. No sé si fueron liberados de nuevo, pero estoy segura que si fuera posible hacer una exploración del barco, esos cientos serían encontrados muertos en sus camarotes con las puertas cerradas."
[Las puertas de los camarotes presumiblemente fueron cerradas para prevenir robos y revisando que no hubiera nadie dentro.]

Conclusión.

Es interesante anotar que las experiencias contradictorias contadas por estos pasajeros de tercera pueden ser explicadas por el momento en el que dejaron las cubiertas de tercera. Aunque Touma y Turja no tuvieron problemas para pasar por ciertas puertas, en ambos casos vieron cómo las cerraban y bloqueaban tras ellas, lo que debió crear serios problemas a cualquier pasajero que quisiera cruzar aquella puerta después. Una de dichas personas debió ser Margaret DEvaney, quien declaró que la reja cerrada con la que se encontró era de unos 5 pies de altura (su testimonio lo veremos a continuación). Addie Wells declaró que se encontró con una escalera que estaba bloqueada, dicha escalera debía estar dentro del barco, ya que Wells, pasajera de segunda clase, no debió encontrar fuera ninguna escalera cerrada que impidiera que los pasajeros de tercera abandonaran la cubierta del pozo de popa y ascendieran a la cubierta B.
También es importante comprender que, de acuerdo con el marinero John Poingdestre, no había señalaciones en las cubiertas inferiores del Titanic que dirigieran a los pasajeros de las zonas de tercera hacia las cubiertas superiores. Esto podría explicar porqué mucho de los pasajeros de tercera fueron incapaces de encontrar rutas alternativas a la cubierta de botes cuando se encontraron con puertas cerradas, bloqueadas o vigiladas en las cubiertas inferiores.

TESTIMONIOS DE PUERTAS EN LOCALIZACIONES NO ESPECIFICADAS

Varios testimonios de supervivientes describen la existencia de rejas en partes del barco que no podemos determinar con certeza. Posiblemente estuvieran en la cubierta del pozo de popa y en las cubiertas inferiores.

-Nasif Qasim Abi-Al-Muna (Nassef Cassem Abilmona) (27 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 15)

(Artículo)

“Había una cancela que mantenía a los pasajeros de tercera lejos de las cubiertas de primera y segunda clase todo el tiempo” explica Anthony Belman [nieto de Nasif Qasim]. “Pero cuando el problema fue reconocido, los camareros abrieron la cancela y llamaron a todas las mujeres y los niños. Mi abuelo Belman mandó al chico de 12 años del que estaba a cargo [Houssein Mohamed Hassan Abilmona] con uno de los camareros, para que embarcara en un bote. Finalmente, los camareros abrieron todas las cancelas hacia las cubiertas. Pero para el momento en que Abuelo Belman y su familia de tres miembros se dirigió a cubierta, el último bote había sido arriado en el oscuro y helado Atlántico.


-Margaret Devaney (19 años, tercera clase, camarote desconocido, bote plegable C)

(Testimonio)
"Algo había pasado, pero nuestros miedos se fueron cuando los motores volvieron a funcionar, pero no lo hicieron por mucho tiempo. Lo siguiente fue que vino un oficial a nuestra cabina y nos dijo “pónganse el chaleco salvavidas”. Nos pusimos nuestros chalecos y cogiendo nuestras maletas subimos a cubierta. Allí había mucha gente, así que subimos a la siguiente cubierta, dejando caer nuestro equipaje antes de que saltar la barandilla que estaba cerrada ante nosotros. Una de mis amigas estaba muy mareada y se paró. La otra chica se quedó con ella. Yo corrí y llegué al lado del barco donde estaban bajando los botes."

(Entrevista grabada)

Pregunta: Para continuar con esa pregunta, si puede contárnoslo ¿cómo era, digámoslo así, justo antes del choque con el iceberg?Respuesta: Estábamos en la cama. Era tarde y, naturalmente, cuando los motores se pararon te dabas cuenta de que algo pasaba porque, después de todo, lo habías tenido contigo todo el tiempo. Y teníamos una amiga mayor y tres chicas [ininteligible] y otro amigo mayor estaba buscándonos. Y nos levantamos y nos vestimos y vino a nuestra sala de estar y me dijo “Algo ha pasado. Deberíamos subir a cubierta”. Así que subimos a cubierta, hacía mucho frío así que volvimos para ponernos más ropa para ver qué estaba pasando. Entonces fue el único momento en el que nos dijeron qué teníamos que hacer. Había un oficial diciéndonos que nos pusiéramos los chalecos salvavidas. Luego hicimos nuestros “tukas” (maletas) y empezamos a subir a cubierta y nadie nos paró. Nadie nos dijo dónde debíamos ir o dónde debíamos quedarnos, pero seguimos subiendo, giramos a la derecha y ahí era donde estaban poniendo la señal de desastre, así que subimos por un rato. Todo el mundo parecía estar alejándose de ahí y nosotros buscamos a nuestros amigos, pero no pudimos encontrarlos, así que las tres chicas estábamos solas. Entonces bajamos los escalones y atravesamos aquello sin nadie allí, a través del barco, para subir, supongo, a la zona de segunda clase. Allí nos encontraron con que había una cancela cerrada, que la barandilla de alrededor era de unos 5 pies de alto, así que tuvimos que subir la escalerilla y escalar sobre aquello. Entonces subimos, seguía sin haber nadie a nuestro alrededor, y una de mis amigas estaba muy mareada y no podía avanzar más, tuvo que parar, y la otra chica se paró con ella, pero algo me dijo que debía encontrar un bote o ver dónde había un bote. Así que fui a lo largo del barco con la intención de volver, pero fui atrapada por la multitud y cuando salí a la cubierta, justo enfrente estaban bajando un bote y subí en él.

(Artículo)

“Cargando con nuestras maletas subimos la cubierta” dijo. No había muchos allí, así que las chicas decidieron ir a otra parte del dado barco. Vinieron a una barandilla donde soltaron sus maletas para saltarla. Miss Hargarton enfermó en ese punto y Miss Burns se quedó para ayudarla. Miss Devaney continuó hasta un punto donde un bote estaba siendo cargado.

(Entrevista con su hijastra)

"Supongo que en ese momento se darían cuenta de que el barco se iba a hundir y querían salvar la vida de los ricos. Así que encerraron a los pobres. Mi madrastra tubo que saltar una reja y subir muchas escalerillas para llegar a las cubiertas superiores y al bote… Cuando se dieron cuenta que tenían que escalar hasta la cubierta de botes y las escalerillas, Mary [Burns] se negó a ir. Supongo que se sentiría muy enferma."

-Helga Hirvonen (22 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 15)

(Entrevista)

"En el Titanic, aquella tarde se les negó el acceso a los botes a los pasajeros de tercera. Les dijeron que esperaran y los pasillos para llegar a las cubiertas superiores estaban cerrados y vigilados contra ellos. Algún tiempo después (no sé cuánto) parecía que el gran barco estaba inclinándose. Entonces hubo otra acometida desde la cubierta de paseo. Los oficiales no podían conducirlos de vuelta. Tras un tiempo llegó una orden para que las mujeres subieran a otra cubierta."



-Annie Jermyn (26 años, tercera clase, camarote desconocido, bote plegable D)

(Entrevista)

"Debimos estar en el camarote de tercera durante dos horas antes de mi huida, la cual conseguí tras escalar la alta reja que nos mantenía prisioneros y la cual era, seguro, dos veces más grande que yo. Esto lo hice tras una docena o más de intentos de escalar cuerdas y cualquier otra parte del barco de la cual me pudiera agarrar. En un intento de subir por la reja, mis esfuerzos fueron cortados por hombres y otras mujeres, quienes me cogieron y me bajaron de nuevo, así podrían estar delante de mí. EN el tiempo en el que conseguí saltar la reja, el agua en tercera había subido hasta bastante altura, y era fácil de darse cuenta de que el barco había encontrado su destino."

(Entrevista)

[Jermyn dice que una pesada reja de acero de 10 pies de alto mantenía a los pasajeros en las zonas de tercera.]



"Miss Jermyn dice que le llevó dos horas superar la reja, la cual cerraba la única salida. Nadie le dijo de embarcar en un bote, afirma, a pesar de ello, estaba en cubierta cerca de ellos en pijama y descalza. El último bote estaba a punto de zarpar del barco con sólo unas quince personas a bordo.“Dándome cuenta de que era mi única oportunidad, salté desde la cubierta más alta del barco al bote, cayendo cerca de 30 pies y aterrizando sobre mi pecho y estómago. Un segundo después un hombre cayó tras de mí, pero apenas se había levantado y cogido un sitio en el bote cuando un oficial cogió su revólver y le disparó en la cabeza. Me desmayé cuando lanzaron el cuerpo sin vida del pobre hombre al mar."

[Posiblemente la escena del disparo no llegara a ocurrir, de ser así otros pasajeros del bote D hubieran relatado dicho hecho. Por tanto, lo más seguro es que se trate de una exageración del relato.]

-Bertha Lehmann (17 años, segunda clase, camarote desconocido, bote 12)

(Artículo)
Dijo que vio a 300 hombres encerrados en tercera clase y no sabe si más tarde los liberaron. El ruido que hacían, dijo, era algo demasiado horrible como para contemplarlo, y la banda tocaba, aparentemente, para acallar el ruido.





-Paul Mauge (25 años, empleado de cocina, camarote desconocido, bote 13)

(Testimonio)

"Después de que hubiéramos estado en la cubierta de tercera clase justo atrás, habíamos estado intentando ir a la cubierta de segunda clase. Dos o tres camareros estaban allí, y no nos dejaban ir. Yo estaba vestido y el chef también. Él no estaba con su ropa de trabajo, estaba como yo. Le pedí pasar a los camareros. Les dije que era el secretario del chef, y los camareros dijeron “Pasa, escapa”. Los otros cocineros se vieron obligados a quedarse en aquella cubierta, no pudieron subir. Así es como murieron… Me dejaron pasar, a mí y al chef, porque estábamos vestidos como pasajeros. Creo que eso fue por lo que nos dejaron pasar."

(Entrevista)

"Los pasajeros de tercera clase estaban en una terrible confusión casi inmediata tras el choque. En todos lados había un murmullo de muchas voces y carreras de hombres y mujeres, algunos llevando bultos, otros llevando niños, y otros llevando en sus brazos grandes trozos de hielo que habían caído sobre la cubierta cercana a la proa del barco. Su pánico empeoró cuando, al llegar a las rejas que separaban las zonas de tercera del resto del barco, se encontraron a dos camareros que mantenían las rejas cerradas tras ello, y los botes estaban todos lejos de las rejas. Yo había despertado al chef, M. Rousseau, y juntos, tras darle nuestros nombres a los camareros, nos dejaron pasar."

-Thomas McCormack (19 años, tercera clase, camarote desconocido, bote desconocido)

(Artículo)

Estaba dormido cuando el barco chocó con el iceberg, se despertó y se vistió. Dijo que tuvo que luchar su camino hacia las cubiertas superiores más allá de los miembros de la tripulación.

(Artículo)

McCormack estaba dormido en su litera cuando ocurrió la colisión y no despertó hasta que uno de los Kiernans le despertó. Los tres se vistieron y comenzaron una subida hacia las cubiertas superiores. Según McCormack, algunos oficiales bloqueaban el camino, empujándolos de vuelta y golpeándolos. McCormack, quien es más de 6 pies de alto, se abrió camino más allá de los oficiales en cubierta. Los Kiernans murieron.

-Ellen Shine (20 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 13)

(Entrevista)

"Aquellos que pudieron salir de la cama fueron a la cubierta superior, donde se encontraban con los miembros de la tripulación y los pasajeros de primera y segunda clase, quienes se esforzaron por mantenerlos en las zonas de tercera. Sin embargo, las mujeres fueron apresuradas por los oficiales y la tripulación, derribándolas, y finalmente alcanzaron las cubiertas superiores."



-Gunnar Tenglin (25 años, tercera clase, camarote desconocido, bote 13)

(Entrevista con su hijastra)

Ella ha escuchado historias de cómo los camareros cerraron las rejas para mantener a los pasajeros de tercera clase bajo las cubiertas mientras los botes estaban siendo arriados, justo como en la película. Pero al contrario que en la película, Tenglin, un hombre valiente y franco, protestó.




-Shawneene Whabee (38 años, tercera clase, camarote desconocido, bote plegable C)

(Entrevista con un familiar)



"Cuando pregunté si Shawneene Whabee había visto a la tripulación cerrar rejas para prevenir que los pasajeros de tercera clase subieran a cubierta, Sharon George contestó: “Mi tío me contó que Shawneene le dijo que lo hicieron, pero nunca mencionó esto en el artículo. De hecho, en el artículo dice que los miembros de la tripulación la empujaron fuera de las zonas de tercera y la llevaron hasta la cubierta.”

Conclusión.

A pesar de que es difícil determinar la localización exacta de estas rejas, llama la atención que varios de los testimonios (Hirvonen, McCormack, Shine) hablan de pasajeros forzando su camino más allá de los tripulantes que los detenían en las rejas. Estos testimonios recuerdan a esos de Daly, Mannion and Murphy, de los que hablamos anteriormente, quienes también describen grupos de pasajeros de tercera que se vieron con la necesidad de luchar por su paso a través de las barreras vigiladas. Aunque el testimonio de Annie Jermyn del disparo a un hombre en el bote es casi seguro falso, el resto de su testimonio es tan discreto y creíble que asombra su descripción sobre los intentos de escalar una de las rejas cerradas. En cualquier caso, es notable que Jermyn (al igual que Margaret Devaney) declara que la reja con la que se topó era alta, en lugar de una valla baja que pudiera ser fácilmente superada como las de la cubierta del pozo de popa.


POSIBLES LOCALIZACIONES DE LAS REJAS

Los planos del Titanic del Archivo Nacional, muestran no solo la disposición del Titanic cuando dejó Southampton, sino también la clasificación de camarotes, los números de éstos y las salidas de emergencia. Además reflejan la localización de varias rejas Bostwick. [Imágenes 9 y 10]

Imagen 9. Verjas Bostwick en la proa de la cubierta E. Zona de pasajeros.
Imagen 10. Verjas Bostwick en la popa de la cubierta E. Zona de tripulación.
En el Titanic iban sobretodo pasajeros de primera y tercera clase. De hecho, una sección de la cubierta E, generalmente usada por segunda clase se reservó para primera clase en este viaje. También había una zona intercambiable (sección N) entre segunda y tercera en la cubierta G, que en el viaje inaugural del Titanic fue utilizada como tercera clase. [Imágenes 11 - 13] Esa sección era pequeña comparada con el resto de zonas de tercera clase como un todo, pero estaba llena de literas para mujeres, niños y familias. Este compartimento tenía dos escaleras: una era la parte más baja de la escalera de segunda clase en medio de la cubierta y la otra eran varios escalones que salían de la zona de babor de la cubierta G, atravesando la cubierta F y llegando a la cubierta E. La White Star Line daba esa zona de la cubierta G para tercera clase y, para mantener a los pasajeros de tercera lejos de poder subir y bajar por las escaleras de segunda clase, seguramente, hubiera una reja. Estas rejas no estaban fuera de las normas de seguridad, ni en las rutas de escape de tercera clase, ya que estaban clasificadas como barreras. Las rejas debieron estar presentes en esas localizaciones y podrían haber estado fácilmente cerradas por la simple razón de que su propósito no era detener a los pasajeros de tercera en caso de emergencia. Aun así, cualquier tripulante que tuviera que controlar la multitud en la escalera de babor de la cubierta E habría evitado que la gente subiera por la escalera de dicha sección intercambiable a la cubierta D.

Imagen 11. Ubicación de las escaleras en la sección N de la cubierta G. El círculo superior indica las escaleras hacia la cubierta E cuando se usaba como zona de tercera clase. El círculo inferior señala las escaleras hacia la cubierta F cuando se usaba como zona de segunda clase. En el viaje del Titanic pudieron estar cerradas.


Imagen 12. Ubicación de las escaleras de la cubierta F que bajaban a la cubierta G para segunda clase.

Imagen 13. Ubicación de las escaleras de la cubierta E que llevaban hasta la cubierta G para tercera clase.


Si las escaleras de segunda clases que subían desde la cubierta G hasta la E hubieran tenido rejas cerradas y hubieran estado manejadas por tripulantes, esto explicaría porqué algunos pasajeros de tercera no vieron rejas y otros sí, porqué algunos tripulantes dejaban pasar ocasionalmente a pasajeros por una puerta bajo las cubiertas, porqué Annie Jermyn se vio en la necesidad de saltar por una reja de 10 pies de altura, porqué la pasajera de segunda clase Mary Davis vio a un tripulante armado encargado de evitar que los pasajeros de tercera subieran la escalera que llevaba a segunda clase, y porqué la pasajera de segunda clase Bertha Lehmann contó haber visto a un tripulante cerrando una salida, evitando que una ruidosa multitud de tercera clase ascendiera de las cubiertas de tercera a las de segunda clase.


EL RUMOR DE LAS REJAS CERRADAS

Aunque varias rutas estuvieran disponibles para que los pasajeros de tercera clase llegaran a las cubiertas superiores del Titanic, al menos algunos de los pasajeros de las cubiertas inferiores parece ser que tuvieron puertas cerradas, muchas de las cuales estaban vigiladas por tripulantes cuyo deber era evitar que los pasajeros pasaran por ahí antes de recibir permiso para hacerlo. Independientemente, durante el pasado siglo se ha convertido de “saber popular” entre el público general, que no poco, sino todo los pasajeros de tercera fueron encerrados deliberadamente en las cubiertas inferiores, y que fueron abandonados allí hasta encontrar su muerte. ¿Cómo ha arraigado esta idea en la mente del público?

La respuesta más probable a esta pregunta es que el público general de 1.912 supieron sobre las rejas cerradas del Titanic cuando leyeron los testimonios que algunos supervivientes de tercera le dieron a los reporteros justo después del hundimiento. El impacto de estas entrevistas iniciales fue aumentado por la información que surgió de las investigaciones subsecuentes, donde los pasajeros de tercera Olaus Abelseth y Daniel Buckley contaron haber sido detenidos tras la reja baja ubicada arriba de la escalera que separaba la cubierta del pozo de popa del área de segunda clase en la cubierta B.
También es posible se duera un énfasis involuntario a este tema en el primer día de la investigación americana por el senador William Alden Smith, quien no familiarizado con la materia naútica, le llevó a preguntar al Segundo Oficial Charles Lightoller la necia pregunta basada en las preocupaciones expresadas por familias que temían que sus seres queridos quedaran atrapados en los compartimentos estancos del barco y se asfixiaran lentamente en el fondo del Atlántico. Smith pregunto:

“¿Puede decir si alguno de los tripulantes o pasajeros fueron llevados a estos compartimentos estancos superiores como final, quiero decir, como lugar para morir?”

Lightoller, que reconoció la irrealidad de la pregunta, respondió que era “muy improbable”, pero se puede sospechar que esa pregunta de Smith podría haber senbrado esta terrible idea en la mente de la gente.

Irónicamente, el superviviente que primero escribió su propio testimonio sobre pasajeros siendo atrapados tras las verjas de acero, fue el pasajero de primera clase Archibald Gracie, cuyo libro sobre su experiencia en el Titanic fue publicado poco después del desastre. Gracie estaba corriendo hacia popa por el lado de estribor de la cubierta de botes mientras la proa se hundía cuando:

“Surgió delante de nosotros, desde las cubiertas inferiores, una masa de personas de varias líneas de profundidad cubriendo la cubierta de botes, frente a nosotros, y bloqueando completamente nuestro paso hacia popa… Instantáneamente, cuando nos vieron a nosotros y el agua en la cubierta persiguiéndonos desde atrás, giraron en la dirección contraria hacia la popa. Esto les llevó a chocar contra la valla de hierro y la barandilla que dividía los camarotes de primera y segunda clase.” (Imagen 6)

En resumen, las preguntas del Senador Smith y algunos testimonios como los de Abelseth, Buckley y Gracie tuvieron tanta fuerza y repercusión que se extendieron como la pólvora hasta nuestros días, perpetuados por libros y películas.

CONCLUSIONES FINALES

Sabemos que el barco entero estaba dividido para mantener a los pasajeros de cada clase en las zonas y que les correspondían en el buque. Era particularmente importante mantener a los pasajeros de tercera alejados de los de primera y segunda clase, de acuerdo con las leyes de inmigración para intentar prevenir enfermedades. Había varios carteles para disuadir a los pasajeros de pasar a otras zonas que no eran las que les correspondían. En las cubiertas abiertas habías barandillas con puertas para mantener a los pasajeros en sus espacios. Archibald Gracie dijo que estas barandillas se podían saltar fácilmente. En la película “Titanic” de James Cameron, vemos como Jack, el protagonista, salta una de esas barandillas para acceder a las zonas de primera clase. Dentro del barco había algunas rejas Bostwick dividiendo las cubiertas inferiores. Como algunas de las acomodaciones en las profundidades del barco eran intercambiables entre primera y segunda o segunda y tercera clase, estas rejas servirían para ayudar a delinear dichas acomodaciones. Estas rejas Bostwick no estaban incluidas en los planos originales del Titanic. En cualquier caso, tampoco estaban incluidas en los planos del Olympic y del Britannic, donde se sabe que existieron. Si existieron en el Titanic, la localización de las mismas sólo puede ser especulada. Las exploraciones dentro del pecio muestran que no había rejas a lo largo de las secciones accesibles de Scotland Road en la cubierta E.
Es llamativo el número de testimonios de supervivientes de tercera clase que aseguran haberse topado con rejas cerradas prohibiendo el acceso a los botes salvavidas, pero dan muy poca indicación de dónde ocurrieron dichos incidentes. No se puede exagerar diciendo que todos los pasajeros de tercera clase tuvieron fácil acceso a ciertas cubiertas, como las cubiertas de paseo de proa y popa y la cubierta de popa. Áreas comunes como el salón general y la sala de fumadores estaban situadas en la cubierta C en popa, sólo unos pasos más allá de la abierta cubierta de paseo, y muchos pasajeros de tercera no tenían duda de cómo llegar fácilmente a estas localizaciones. Scotland Road era usada tanto por pasajeros de tercera como por tripulantes. La noche del desastre, un gran número de pasajeros de tercera clase alojados en proa fueron vistos yendo hacia popa a través de Scotland Road y muchos posteriormente se dirigieron a la cubierta de paseo de popa y a la cubierta de popa.
A la luz de toda esta información, muchos de los incidentes reportados sobre pasajeros de tercera clase de quedarse encerrados, realmente podrían haber tenido lugar en las cubiertas abiertas que separaban la cubierta de paseo de popa de la cubierta de segunda clase, en lugar de dentro del barco. Algunos testimonios indican que había rejas cerradas dentro del barco, y estas declaraciones no son fácilmente desechables como exageraciones o invenciones de reporteros de periódicos. Como sea, no parece que esto evitara que la mayoría de pasajeros de tercera clase encontraran la forma de llegar a las cubiertas abiertas.

Debemos tener en cuenta también que varios testimonios indican que había camareros que se encontraron con desconcertados pasajeros de tercera clase y los guiaron fuera del interior del barco por rutas alternativas.

Por tanto, no parece que los pasajeros de tercera fueran encerrados deliberadamente. Sin embargo, una vez que alcanzaran la cubierta de paseo de popa y la cubierta de popa, tenían ante ellos un gran reto: llegar a los botes salvavidas, que se encontraban en las zonas de primera y segunda clase de la cubierta de botes. Las evidencias indican que muchos de ellos consiguieron encontrar su forma de llegar a los botes, particularmente en la última hora; en efecto, multitud de pasajeros de tercera clase fueron avistados en esas zonas del barco. Algunos de estos pasajeros se salvaron porque tomaron la iniciativa de saltar las barreras e ignorar las señales de las cubiertas abiertas. Otros parece que fueron perfectamente decididos a quedarse en sus zonas del barco y esperar a ver qué pasaba.
Hay algunas evidencias, como la declaración de Gracie que vimos al principio, indican que un gran grupo de pasajeros de tercera o segunda clase hicieron un último esfuerzo desesperado para salir de sus zonas del barco a la zona de primera clase, quizá en un intento por llegar a los últimos botes plegables, que se estaban cargando. 

Basado en la posición de Gracie en la cubierta de botes, está claro que esta oleada humana de pasajeros de segunda o tercera clase venía desde las cubiertas inferiores por la entrada de primera clase y por la Gran Escalinata de proa. Pero esto deja una pregunta: ¿por qué no llegaron antes de eso? Obviamente no desde tan abajo, puesto que todo lo inferior a la cubierta de botes y la cubierta de paseo de primera clase, cercana a la Gran Escalinata de proa, estaba ya inundado. Es muy probable que muchos de esos pasajeros llegaran a través de las barreras de popa y corrieran hacia proa por la cubierta de paseo de primera clase (ya sea por la cubierta exterior o por las estancias interiores del buque) antes de subir hasta el piso más alto de la Gran Escalinata. En otras palabras, su presencia en la zona de proa de la cubierta de botes en ese tardío escenario parece hacer menos evidente que fueran encerrados abajo, ya que intentaron llegar a los últimos botes de proa desde su posición en popa.

Hay cierta evidencia “física” de rejas Bostwick en el Titanic y, además, es bastante llamativo el número de testimonios recogidos en periódicos y otras entrevistas de pasajeros que declaran que había rejas cerradas o pasos guardados por tripulantes. También hay que añadir declaraciones que los supervivientes contaron o escribieron más íntimamente, los cuales son suficientes para afirmar la existencia de dichos obstáculos para acceder a las cubiertas superiores.
Pero al haber otros pasajeros que contaron que sí pudieron subir sin ningún impedimento, me hace pensar que pudieron hacerlo dependiendo de la hora. Es posible que durante un tiempo se diera la orden de no dejar pasar a los pasajeros de tercera. ¿Quizá porque la cubierta estaba abarrotada y esto entorpecía el trabajo de evacuación? Es posible también, que más tarde se les volviera a permitir el paso y esa fuera la “oleada humana” que describe Gracie.

Algunos de los guardas que vigilaban las salidas iban armados según contó Mary Davies, pero aun así estos tripulantes no tuvieron la última palabra en todos los casos, puesto que Mannion, Murphy, Hirvonen, McCormack y Shine describen cómo se dejó pasar a algunos pasajeros.
Otra posibilidad es que algunas de esas puertas cerradas no fueran rejas sino puertas estancas situadas a lo largo de la cubierta E y que bloquearan la salida habitual. Por ejemplo en el testimonio de Hakkarainen cuando nos habla de la puerta cerrada al final del pasillo) o el de Murphy, refiriéndose a que algunos pasajeros quedaron atrapados porque varios tripulantes cerraron trampillas para “mantener el aire ahí abajo y el barco se mantenga más tiempo a flote”. ¿Es entonces posible que algunos pasajeros quedaran involuntariamente atrapados entre dos puertas estancas?

Muchos de los pasajeros de tercera tuvieron la oportunidad de, al menos, llegar a la cubierta abierta antes de que el barco se hundiera. Muchos de ellos, ya sea ayudados por la tripulación o avanzando por su cuenta, llegaron a los botes salvavidas, y algunos de ellos lo hicieron a tiempo para salvarse. Otros quedaron atrás, quizá echados para atrás por algunos pocos tripulantes que sentían que era su deber mantenerlos alejados de los botes. El simple hecho de que los botes estuvieran situados sólo en zonas de primera y segunda clase y que muchos de los pasajeros de tercera no hablaran inglés y, por tanto, no pudieran entender indicaciones verbales, parece suficiente para hacer el resto del trabajo. Uno de los legados del Titanic es que habría botes salvavidas para todos en los barcos siguientes.
Hay datos que indican que la mayoría de los pasajeros de tercera clase consiguieron llegar a cubierta antes de que el barco se hundiera. Sea como fuere, un análisis de los cuerpos que fueron recuperados después del desastre muestra que fue recuperado un menor porcentaje de los cuerpos de estos pasajeros que de los otros grupos que se pueden decir que estuvieron en la cubierta al final. De la gente que murió en el hundimiento, el 23% de los cuerpos fue recuperado. De los pasajeros de primera clase, los cuales muchos seguramente estuvieran en cubierta hasta el final, fue recuperado el 32% de los cuerpos. De los cuerpos de tercera clase se recuperó un índice del 14%. Esto puede explicarse porque cierto porcentaje de ellos no logró llegar a las cubiertas superiores. Esto podría significar simplemente que menos de ellos tuvieran acceso o vistieran chalecos salvavidas.

Pero el hecho es que no hay evidencias de una “exterminación” sistemática de los pasajeros de tercera clase. Simplemente no hubo suficiente tiempo, organización o botes, y los pasajeros de tercera sufrieron las peores consecuencias de estas circunstancias. Las leyendas de rejas cerradas y la idea de tripulantes disparando a los pasajeros en las cubiertas inferiores han sido exageradas. Aunque el registro histórico muestra algunos incidentes desafortunados, estos fueron pocos y lejanos entre ellos.

Personalmente creo que, efectivamente hubo rejas y puertas que quedaron cerradas pero que la mayoría de ellas estaban vigiladas por miembros de la tripulación que cumplían órdenes, las cuáles, posiblemente, fueron dadas a una hora tardía para intentar facilitar el trabajo de evacuación, dificultado por la gran aglomeración de gente en cubierta. Pero finalmente se les permitió el paso para que intentaran salvarse.

Por tanto, no creo que haya que demonizar a la tripulación del Titanic alegando que encerraron a los pasajeros que viajaban en tercera clase. Realmente, aunque todos los pasajeros hubieran llegado a cubierta sin ningún tipo de problema, se hubieran encontrado con que no había suficientes botes ni tiempo para la evacuación de los mismos.  No me cabe la menor duda de que todos y cada uno de los tripulantes se comportaron según lo que creyeron correcto, intentando salvar a todos los pasajeros posibles aun sabiendo que aquello les costaría, en muchos casos, la vida.

[María Neira Domínguez]

2 comentarios:

  1. Sus conclusiones son muy parcializadas, se nota la protección que realiza de las directivas de esa compañía naviera. Lamento haber perdido tanto tiempo leyendo tales justificaciones desoyendo la inmensa mayoría de testimonios reales y directos que señalan el proceder general de la tripulación.
    Describa lo ocurrido y guardese sus desacertadas conclusiones muy lejos de aquella triste realidad.

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    1. En primer lugar, gracias por leer nuestro blog. Lamentamos que no le haya gustado el artículo, sin embargo no entendemos el desacuerdo. Todo lo escrito aquí tiene detrás un exhaustivo trabajo de investigación. Se detallan la gran mayoría de testimonios al respecto de este asunto y se reflejan ambas posturas. Las conclusiones a las que se ha llegado surgen de los relatos de esa noche y de la distribución de las rejas, que están en los planos del Titanic y que también se han expuesto. Todo el artículo es objetivo y con datos fidedignos, tan sólo los últimos párrafos tratan de la conclusión de la historia. Por último, en ningún momento se pretende defender a la compañía naviera, sencillamente se cuenta lo ocurrido. No tiene sentido apoyar a la WSL cuando es una empresa que ya no existe y las personas implicadas en este asunto han fallecido. Aquí lo único que se pretende y se ha pretendido siempre es contar la historia del Titanic con datos muy contrastados, queriendo honrar la memoria de las 1.496 vidas perdidas esa noche. Un saludo.

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